Agricultura (II): Almería, un milagro bajo plástico

Por Elio Sancho

Mucho ha cambiado Almería en las últimas tres décadas, en paralelo al avance que ha experimentado su agricultura, la denominada huerta de Europa.

El origen de esta agricultura intensiva almeriense se remonta a los años sesenta. Fue a finales de esta década cuando se originó el cultivo enarenado en la provincia, importado desde la costa granadina. La técnica consiste en incorporar una capa de arena de unos diez centímetros de espesor sobre el suelo, lo que le confiere importantes ventajas en comparación con el uso desnudo. Entonces, la inversión en tecnología era muy reducida, con estructuras comerciales precarias, pues el destino del producto era la subsistencia del agricultor y los mercados locales más próximos. El despegue del modelo actual arranca a mediados de la década de los setenta hasta la incorporación de España al Mercado Común Europeo. Esta época destaca por la paulatina sustitución de trabajo por capital y por la vertebración de los canales de distribución. A finales de los años ochenta, el modelo inicia la incorporación masiva de tecnología a las explotaciones, mejorando los rendimiento y el valor añadido. Es la época de desarrollo de las cooperativas, sociedades agrarias de transformación y alhóndigas.

Según el volumen La agricultura mediterránea en el siglo XXI, la superficie invernada de Almería no llegaba a las 10.000 hectáreas a principios de los años ochenta. A principios de los noventa, rozaba las 20.000; desde mediados de los noventa, superaba las 20.000 hectáreas; y desde comienzos del siglo XX ha coqueteado con las 28.000 sin alcanzar nunca las 30.000. El invernadero predominante en Almería es el raspa y amagado, junto al parral plano, el más simple y barato. Eso sí, hoy está obsoleto, aunque la posibilidad del agricultor de modernizarlo es escasa por su nivel de endeudamiento.

El punto de inflexión del campo almeriense lo supuso la crisis de los pimientos desatada en diciembre de 2006, cuando una partida tratada con un pesticida ilegal, isofenfos metilo, provocó un vuelco hacia el uso de control biológico, pasando de 800 hectáreas entonces a las 20.000 actuales. Tras esta revolución verde, el reto es la del I+D+i.
Elio Sancho es redactor de Diario de Almería

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