Puerta
 
  El héroe que tiñó de negro las lágrimas  
  Eduardo Florido  
     
 

Nadie, absolutamente nadie en la historia del Sevilla Fútbol Club, ha hecho más feliz a su afición que Antonio Puerta. De su bota izquierda salió el gol más cantado por el sevillismo en su centenaria historia. Corría el minuto 10 de la prórroga en las semifinales de la Copa de la UEFA. Su compañero y amigo Jesús Navas lo vio acechando el área desde la izquierda y le colgó el balón. Puerta, en plan torero, paró, mandó y templó, todo ello en un solo gesto, una volea que hizo derramar miles de lágrimas... No tantas como las que ha provocado desde que se desplomó sobre el césped el sábado por la noche hasta ayer, cuando el rumor de su muerte voló por Sevilla como una negra sombra antes del parte oficial de defunción.

Aquel gol acaeció una cálida noche de primavera, 27 de abril de 2006, jueves de Feria por más señas. Entonces, Puerta andaba buscándose un hueco en un equipo que también buscaba reverdecer sus mejores páginas de gloria. Y ambos consiguieron su anhelo, aunque él murió en el empeño.

Antonio José Puerta Pérez nació un 26 de noviembre de 1984 para ser futbolista. Lo llevaba en la sangre. Su abuelo materno, Antonio Pérez Pérez, fue fundador de la Peña Sevillista Al Relente y su padre Antonio jugó bajo el apelativo de Añoño en el Triana, filial del Betis, en los años sesenta. Ante la diatriba futbolística que se le presentó, este chaval nacido y criado futbolísticamente en Nervión se decantó por los colores de la madre. Siendo infantil cambió la camiseta blanquiazul del Nervión por la blanca del equipo de sus amores. De Piscinas Sevilla a la carretera de Utrera con el vecino estadio Ramón Sánchez-Pizjuán entre ceja y ceja.

Desde que ingresara en la cantera sevillista su abuelo ya avisaba sobre la progresión de un zurdo que iba a dar mucho que hablar y advertía que algún día formaría un lío en el Pizjuán. Uno de sus primeros mentores fue el riojano Luis de la Fuente, que le dio el brazalete de capitán del equipo juvenil de División de Honor por su enorme carácter. “Con las ganas que tiene de mejorar y las condiciones tan buenas puede llegar lejos”, decía el ex futbolista de Athletic y Sevilla, zurdo como Puerta, allá por 2002, antes incluso de su debut en el Sevilla B de Manolo Jiménez.

El técnico de Arahal le dio la oportunidad un 7 de diciembre de 2002, con 18 añitos recién cumplidos. Puerta debutó con el filial en Dos Hermanas ante el ahora desaparecido Ciudad de Murcia, pero sólo duró diez minutos sobre el campo, debido a una lesión de menisco. Cuando reapareció después de Navidades, ya sólo saldría del filial camino del primer equipo.

Puerta participó en la primera liguilla de ascenso a Segunda División A junto a un equipazo: Jesús Navas, Kepa, Bezares, Sergio Ramos, Pablo Ruiz, David Prieto, Álvaro, Abel... Todos se estrellaron con aquel paradón del meta del Castellón Oliva a Pablo en el minuto 90. Por entonces ya era asiduo en los escalafones inferiores de la selección española e Iñaki Sáez lo haría fijo de la sub 21.

Poco después, Joaquín Caparrós le dio la oportunidad en el primer equipo. Puerta debutó con la camiseta del Sevilla en su querido y cercano Ramón Sánchez-Pizjuán el 23 de marzo de 2004, en un Sevilla-Málaga (0-1). Fue un estreno testimonial, puesto que hasta la temporada siguiente no tendría cierta continuidad. En la 04-05 jugó seis partidos e incluso marcó un gol, al Numancia. Por entonces, Joaquín Caparrós ya auguraba un futuro estelar para su nuevo pupilo. “Acabará siendo el lateral izquierdo titular de la selección”, decía el utrerano. Pero no sería hasta la siguiente temporada, la campaña 05-06, cuando definitivamente eclosionaría como futbolista de elite, al jugar 17 partidos de Liga y 12 de Copa de la UEFA, con cuatro goles repartidos en las dos competiciones. Uno de ellos lo encumbró a la gloria eterna, aquel jueves de Feria. “El gol que cambió nuestras vidas”, acuñó el sevillismo militante para recordar que con su zurdazo Puerta abrió el mayor periodo de gloria del club de Nervión.

Juande Ramos ya contaba con él la pasada temporada como una de las piezas clave de su sistema de rotaciones, hasta completar 30 partidos. En ésta que acaba de comenzar de forma tan trágica estaba llamado a ser un fijo, ya como lateral o como extremo, siempre en esa banda izquierda que subía con tranco, potencia y elegancia.

Por el camino hasta su asentamiento como futbolista profesional dejó el debut en la selección absoluta, el 7 de octubre de 2006. Puerta se vistió la roja de la absoluta en el estadio Rasunda de Estocolmo, al sustituir en el minuto 51 a Capdevila. Luis Aragonés lo sacó para darle más fuerza a España, que perdió ante Suecia un partido clave para la clasificación de la Eurocopa 08 (2-0).

Una lesión le privó de ser citado por el seleccionador para el último amistoso de España en Grecia. El infortunio quiso que se recuperara de sus molestias en los adductores justo antes del dramático partido ante el Getafe, como si su destino estuviese escrito con la tinta imborrable de la tragedia.

Puerta se hacía querer por todo el mundo. Afable, sencillo, siempre paciente con el aficionado y siempre dispuesto a firmar mil autógrafos y hacerse otras mil fotografías. Asequible para los desconocidos, para los periodistas. Siempre sonriente y optimista, pero con un indomable carácter ganador. Manolo Jiménez lo conocía casi como a un hijo y era uno de sus predilectos. Entre todos los futbolistas de primerísimo nivel que han pasado por sus manos, Reyes, Sergio Ramos, Jesús Navas, Kepa, Antoñito..., tenía una especial debilidad con Puerta. “De todos los que han llegado, me quedo con él, por su enorme espíritu de superación y sus ganas de triunfar”. Y llevaba razón.

Hace dos temporadas, cuando aún no tenía claro su peso en el primer equipo, se empeñó en quedarse en el Sevilla y rechazó ofertas de clubes que lo querían aunque fuese cedido. Este verano, la Premier League e incluso el Real Madrid lo tentaron, pero él no hacía sino pensar en seguir triunfando en el Sevilla, con el que ha conquistado cinco títulos, dos españoles y tres europeos. A pesar de sus 22 años, se nos ha ido en su plenitud.

Desde ayer ingresó para siempre en el Olimpo de los héroes del Sevilla y del fútbol sevillano –los béticos también lo lloran– y andaluz. Del fútbol español y del europeo. Cosas de la vida. El hombre que hizo más feliz al sevillismo aquel jueves de Feria fue también el que provocó las más negras lágrimas de su larga historia. Imborrables quedarán su gol aquel 27 de abril y su impresionante eslalon que tumbó a medio Barcelona en la final de la Supercopa de Europa, el 25 de agosto. Justo un año después, se desplomó sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán, que aún tiembla con su imagen y que quedará unido ya para siempre al recuerdo de este héroe sencillo que respondía por Puerta. Descanse en paz.