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disco de la semana  
Surfin Bichos
 
 
El germen latente
Veintiuna bandas nacionales de variado pelaje rinden homenaje a Surfin’ Bichos con un álbum de versiones
Family Album II - Varios (Homenaje a Surfin Bichos)  
Varios (Homenaje a Surfin’ Bichos)
Family Album II
Molusco Discos / Perros Felices Rock
valoración   Tres Estrellas

De la huella dejada por Surfin’ Bichos en la historia del rock español da ya buena cuenta la amplitud del espectro convocado en este homenaje, en el que caben desde Julio de la Rosa (Mi hermano carnal) a Amaral (Gente abollada), de Doctor Divago (Algún día será) al Grupo de Expertos Solynieve (Rifle de repetición), de Polar (El rey del pegamento) a Triángulo de Amor Bizarro (Un perro feliz), de Hidrogenesse (Fuerte!) a Clovis (Si tengo que cambiar).

Son grupos muy distintos, procedentes de ámbitos diferentes y con referentes dispares, acaso sólo conectados por el activo de su credibilidad frente a la pachanga de ese otro pop adocenado y fofo. Son grupos reales, de verdad, como lo fueron en su día los propios Surfin’ Bichos, exploradores tempranos en un territorio que luego llegarían a conocer bien quienes alcanzaron a colgarse un instrumento: el de la desconexión, hasta la fecha sin solución de continuidad, entre gran mercado y creatividad.

Como bien recuerda Roberto Herreros en los créditos de este álbum, y como ya se había apuntado con anterioridad en otras ocasiones, Fernando Alfaro, Joaquín Pascual y el resto de perros felices representan la transición entre el pop español de los 80 y la explosión indie de los 90, un camino por el que, con honrosas excepciones, se pierde en buena medida un elemento primordial de esta fórmula: el público.

Si bien la responsabilidad de esa nueva situación no sería por completo atribuible al mercado –los grupos también tuvieron su parte de culpa–, éste supo sin duda reconducir la situación con industriosa habilidad mercantil hasta desembocar en el depauperado panorama del pop con posibilidades comerciales que hoy padecemos en España.

Surfin’ Bichos tuvo su oportunidad, o mejor dicho, su espejismo de oportunidad. Tras los primeros títulos con La Fábrica Magnética –el sello con que Servando Carballar pretendió mantener el espíritu de la compañía que le fue expoliada, DRO–, firmaron con RCA. Fue justo ese momento en el que las multinacionales, babeantes ante los resultados crematísticos obtenidos por el Nevermind de Nirvana, pretendieron hacer caja del rock alternativo (¿?) sin demasiada idea de qué teclas pulsar para conseguirlo. Y claro, como que no. ¿Qué hacían Surfin’ Bichos en los 40 Principales, donde el icono de trascendencia rockista para jóvenes con pretensiones eran Héroes del Silencio? Poco menos que nada.

Sin embargo, y más allá de la nada desdeñable cifra de seguidores que el grupo cosechó en su momento con sus cuatro álbumes oficiales, el germen quedó ahí, latente, listo para contagiar a cualquier nuevo oyente con curiosidad por saber de dónde venían Chucho, Mercromina, Fernando Alfaro y Los Alienistas o Travolta, ricas y dignas continuaciones todas de una de las más originales y relevantes bandas en esa historia a la que me refería al comienzo.

Eso explica la influencia hoy de Surfin’ Bichos, el hecho de que en Family Album II (guiño para fans: Family Album I fue el epé de versiones que los propios Bichos grabaron en 1993) un variado listado de 21 grupos se enfrente a sus canciones con resultados desiguales, pero con la certeza de estar frente a un repertorio imponente.
   
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