La Cabalgata del 2008 quedará en la memoria como la del año en que las luces, la altura de las carrozas o la falta de previsión de quien corresponda le restaron lucimiento.
El ladrón, que iba vestido con túnica del Baratillo, tenía una llave del local y conocía la ubicación de una cámara de seguridad y la combinación de la caja fuerte.
En la mañana siguiente a la noche de las barbacoas fue hallado un hombre enterrado en la playa, al que le salvó la vida el que se le vieran desenterrados la nariz y algunos mechones de pelo.
Los agentes de la Guardia Civil lo encontraron tras un cacheo rutinario. La joven intentaba colarlo de este modo en el presidio para dárselo a su novio.