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Antonio
Luque Luque
 

 

director general
de hojiblanca
 
Antonio Luque dirige la cooperativa Hojiblanca, de 25.000 olivareros | Está fusionada con Cordoliva y Acorsa y produce 80.000 toneladas anuales de aceite de oliva virgen extra y 30.000 de aceituna de mesa | Vende embotellada la tercera parte de su produción de aceite | En 2005 su facturación fue 215 millones de euros | Preside la Federación Andaluza de Cooperativas agrarias, cuyos 250.000 socios facturan 3.000 millones
 
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“En Andalucía hay demasiadas barreras locales y provinciales”  
 
 
Desde 1987 Hojiblanca ha creado un auténtico imperio del aceite de oliva, asentado en Málaga y Córdoba. Apostando por la calidad. Sólo venden virgen extra.
¿Jaén es su asignatura pendiente?
–Muchas veces, cuando proponemos a cooperativas de Jaén hacer cosas juntos, ellos se plantean hacer algo solos. Pero tenemos que olvidarnos de las fronteras provinciales si queremos hacer un gran proyecto andaluz en el sector.

¿Esto vale para cualquier otra actividad en Andalucía?
–Vale para cualquier proyecto en Andalucía. Hay demasiadas barreras locales y provinciales. Lamentablemente, no somos capaces de vencer
 
El empresario durante su participación en el Observatorio Económico de Andalucía.
  El empresario durante su participación en el Observatorio Económico de Andalucía. /Juan Carlos Vázquez
 

las fronteras del localismo.

Hace dos semanas en Carmona, en el Observatorio Económico de Andalucía, usted señalaba que el localismo no permite crecer.
–Yo comentaba que todo el mundo dice ‘el mejor aceite del mundo es el de mi pueblo’, ‘el mejor vino es el de mi pueblo’. Pero el mundo es muy grande y la distribución está cada vez más concentrada. Hay unas inversiones necesarias, en I+D, marquetin y publicidad, que como no tengas una dimensión mínima, no puedes llegar. Entonces, otras empresas se van a encargar de comercializar tus productos, con el peligro de que el día que sea más interesante comercializar lo del tunecino, lo del marroquí o lo del chino, no serás nadie en el mercado.

Hay un tremendo contrasentido entre la pretendida ‘realidad nacional’ andaluza, que enuncia la superestructura política, y el ciudadano de a pie pregonando que es muy de su pueblo.
–Esta es la situación que tenemos en Andalucía. Esos localismos frenan el crecimiento, al menos en el sector agroalimentario.

También tenemos unas cooperativas que no son tan potentes como las del resto de Europa.
–Aquí tenemos una facturación media de 3,5 millones de euros por cooperativa y en Irlanda de 120 millones. En Irlanda, en diez años han pasado de más de 1.000 a menos de 100 cooperativas agroalimentarias.

Lo que significa que el milagro irlandés no es sólo que hablen inglés y que han apostado por la formación y la investigación.
–El proceso se está dando en toda la UE, sobre todo en los países nórdicos, donde el movimiento cooperativo tiene más importancia. En España se produce de forma lenta y en Andalucía queda mucho por hacer.

dimensiÓn
  “Estamos estudiando una plataforma conjunta que comercialice los productos de Hojiblanca y Covap”  
  ¿Hojiblanca es una de las cooperativas agroalimentarias más potentes de España?
–La que más factura es la Cooperativa Orensana (Coren), con unos 600 millones de euros al año, que es ganadera. Después, está en Valencia Anecop, una comercializadora hortofrutícola, y AN, Agropecuaria Navarra. Después podemos estar Covap de Córdoba y nosotros, que este año podemos hacer 280 millones.

La dimensión española es muy pequeña comparada con los gigantes
cooperativos nórdicos. Lo que nos llevaría a pensar que tampoco podemos compararnos con Finlandia, como en alguna ocasión se ha pretendido.

–La más importante de Europa es una finlandesa, dedicada a la madera, que factura 8.000 millones de euros. Son multinacionales con base societaria cooperativa. Tienen tal concentración, que sus problemas ya son del servicio de la competencia. En el sector lácteo, en Dinamarca hay cooperativas que tienen el 90 por ciento de la cuota de mercado. En Andalucía estamos a años luz.

Y la dimensión es vital.
–De las cinco primeras empresas agroalimentarias que operan en España, tres son multinacionales extranjeras: Nestlé, Unilever y Danone, que facturan entre dos y tres mil millones de euros. Y si el sector cooperativo agroalimentario andaluz de verdad quiere tener una presencia en el mundo, necesitamos empresas de tamaño europeo.

¿Cómo acabamos con el localismo? Esto no es sólo responsabilidad de los políticos. También de empresarios, medios de comunicación y hasta de los presidentes de clubes de fútbol…
–Es imposible hacer una empresa importante en el sector del aceite de oliva en cada pueblo de Andalucía. Es cierto que toda la sociedad está concernida. Esos periódicos tan magníficos que tenemos, provinciales, en momentos puntuales juegan al ‘aquí en Jaén deberíamos de tener’. El mundo es muy grande para plantearse el futuro pensando sólo en Jaén, en Cádiz o en Huelva.

¿Cómo se supera esa barrera?
–Con un cambio de mentalidad, que tiene que venir de educación, formación e información. Nosotros somos un proyecto muy de Málaga y muy de Córdoba. Y podríamos ser muy de Jaén y muy de Sevilla. La integración es fundamental. Y más ahora, que van a disminuir las ayudas agrarias comunitarias. El futuro es el mercado. Y como no tengamos empresas de tamaño, o no se venden nuestros productos o no se queda aquí el valor añadido.
El empresario Antonio Luque Luque
/Juan Carlos Vázquez
  ¿La agroindustria podría ser una buena etiqueta de calidad para Andalucía en el extranjero?
–No lo hemos intentado de forma seria. Alguna vez hemos dicho ‘vamos a hacer promoción de nuestros productos’, y una misión comercial ha ido a Estados Unidos. Se ha llevado a 10 almazaras pequeñitas. Organizan un viaje y regalan el aceite, pero al mes siguiente no hay nada detrás. Si queremos promocionar los productos andaluces, tenemos que consolidar uno o dos grupos en Andalucía, no muchos más. Y apoyar institucionalmente eso.

Se sigue exportando el 80 por ciento del aceite de oliva español a granel. ¿Fue un error la ‘cruzada nacional’ de 1997 para el nuevo sistema de ayudas en la UE basada sólo en un precio por kilo?
–Estuvo bien mantener el sistema de ayudas vinculado a la producción. Aquella ‘cruzada’ nos permitió aflorar nuestras producciones reales. Entonces la producción media en España era de 750.000 toneladas y hoy supera el millón. Deberíamos haber apretado para que una parte de la ayuda hubiera ido a esa concentración o a la promoción del producto. Pero la Comisión Europea no estaba por esa línea.

Es difícil acabar con los localismos. ¿Acabar con la inercia de exportar a granel es más fácil?
–En Estados Unidos la mayor parte de los consumidores
piensa que el gran país productor de aceite de oliva es Italia y que se trata de un producto netamente italiano. La imagen de Andalucía como el primer productor mundial hay que ganársela. Hace falta invertir dinero en promoción, en comunicación…

Hemos exportado tecnología para deshueso y relleno de aceitunas. ¿Sería importante controlar la comercialización, ahora que se plantan olivos en Sudamérica, China y se multiplican en el sur del Mediterráneo?
–En el olivar deberíamos ser líderes mundiales. Liderar el mercado del aceite, el de la aceituna de mesa, que ya lo hacemos; el sector industrial, las nuevas tecnologías, tener una presencia importante en el crecimiento de otros países. Si una multinacional foránea comercializa el aceite de oliva, en el futuro podría ser más rentable para ellos comprar la producción en otros países. Si el mercado lo tenemos nosotros, le daremos mejor salida a nuestros productos.

¿Por qué hay estas oscilaciones en los precios del aceite de oliva?
–Lo que nos gustaría es un precio estable y bueno para los agricultores, digamos entre 2,5 y 3 euros por kilo en origen. En noviembre llegó a estar a 4,30 euros y ahora está entre 3 y 3,3. Como en otoño no llovió, todo el mundo previó cosechas cortas y se disparó el precio. Incluso los consumidores acapararon. Ha llovido en invierno por encima de lo normal y bajan los precios. Lo ideal para el sector es estabilidad, pero pocos trabajan para conseguirla.

¿Quién gana más con el aceite?
–Llevamos unos años que quien más dinero gana es el productor. Está empezando a ganar la distribución. El industrial está pasando una época difícil y al final todos los eslabones de la cadena deben ganar dinero. Y que el consumidor pueda comprar a un precio asequible.

El olivar y la agricultura ha sido el sostén de la población en la parte interior de Andalucía.
–La agricultura tiene que ser un factor de riqueza y fijar población en el interior de Andalucía. La zona de producción de olivar es una franja que va desde Osuna y Antequera hasta Úbeda y Baeza. Es la espina dorsal de Andalucía. Después está la zona hortofrutícola, Valle del Guadalquivir y Huelva, o las zonas costeras, con los productos hortícolas. La agricultura puede dar mucha riqueza a Andalucía.
Cuando habla de crecer en dimensión, eso no sólo se puede hacer en el sector del aceite.
–Estamos estudiando una plataforma conjunta que comercialice los productos de Hojiblanca, aceite y aceituna, con los de Covap: leche, productos cárnicos y embutidos. No descartamos que otros productos se vayan integrando. Estamos hablando con una cooperativa de vinos, con algún producto hortofrutícola.

En qué punto está el proyecto conjunto con Covap.
–Estamos seleccionando la empresa, que nos va a hacer el estudio a Covap, a nosotros y a AgroSevilla, que hace aceituna de mesa y algo de aceite de oliva.
 
estatuto
  “Andalucía debe estar alerta sobre la cuantía del cheque catalán. Este es el debate que preocupa a la sociedad civil”  
Buscamos fórmulas de integración de nuestras estructuras. Eso será la base de un plan estratégico conjunto. Nos iríamos al grupo de cabeza de las cooperativas españolas, con cerca de los 600 millones de facturación.

Y podría ser un foco de atracción para otros.
–Podría ser un tren del que se podrían enganchar muchos vagones, con un grupo alimentario en Andalucía que fuera referencia en España y significativo a nivel europeo. Hojiblanca, siendo el primer productor del mundo de aceite de oliva virgen, sólo tiene el 2,5 por ciento de la producción mundial y el 7 por ciento nacional de todo el aceite de oliva. En todo caso, exportamos el 40 por ciento de las 55.000 toneladas de granel y el 20 por ciento de las 25.000 embotelladas. Estamos en 60 países.

Los datos de Andalucía reflejan que la convergencia con Europa se produce a un ritmo muy lento.
–Nuestro crecimiento se ha basado en la construcción. En otros sectores no ha habido esa empresa líder, que haya conseguido convencer a los empresarios que hay inversiones más seguras o rentables que la inmobiliaria. Algún sector industrial, como el agroalimentario, quizá podría ofrecernos la oportunidad de tomar participaciones en una empresa andaluza con vocación de liderazgo. Eso podría garantizarnos más la convergencia con el resto de Europa. Pero la mentalidad de muchos de nuestros paisanos es que si tiene un pequeño ahorro, hay que invertirlo en el inmobiliario.

Siempre hemos hablado de Turismo y Agricultura y de pronto ha aparecido una nueva locomotora que es la construcción, que parece imparable. En Málaga, con el inmobiliario, supera el 20 por ciento del PIB provincial.
–En el futuro el sector agroalimentario puede tener más importancia que la construcción. Ahora agricultura e industria agroalimentaria juntas no llegarán al 12 por ciento del PIB andaluz. Podemos aumentar mucho nuestro crecimiento en este sector. La cantidad de europeos que vamos a tener muchos meses al año viviendo en Andalucía puede facilitar la venta de nuestros productos en el resto de Europa. La construcción ha tenido un auge tremendo, y eso se vincula al turismo, a una forma de vida que puede ser la imagen de nuestros productos.
espaÑa
  “Un acuerdo de los dos grandes partidos sobre el diseño del Estado es un sueño para el ámbito empresarial”  
  ¿Somos una realidad nacional, una región o una nación?
–No me lo planteo como un problema. Hablo con muchos colegas del sector cooperativo y empresarial de Cataluña o Andalucía y estamos de acuerdo en que hay mayor crispación en las órbitas políticas que en nuestro entorno. Los políticos no sé si son conscientes de que nos transmiten crispación, pero que eso no sale del pueblo hacia los políticos.

Le gustaría un acuerdo entre los dos grandes partidos sobre el diseño del Estado.
–Con eso soñamos todos los que nos movemos en los ámbitos empresariales. Esto no puede ser un debate de todos los días y con esta crispación. Yo no veo esa crispación entre nosotros, en nuestros trabajadores, en los socios del grupo, empresas cooperativas de Andalucía o de Cataluña, incluso del País Vasco, no veo esa crispación política.

Y la financiación autonómica.
–Eso sí que es preocupante. A lo mejor nos tenemos que plantear en Andalucía que no se pueden subvencionar, y se está haciendo en Málaga, empresas que tributan en Barcelona. Andalucía debe estar alerta sobre la cuantía de ese cheque catalán. Esto nos puede llevar a que los grandes capitales les interese más tributar en Madrid o en Barcelona, antes que en Sevilla o en Córdoba, porque tendrán más beneficios fiscales. Este es el debate que preocupa a la sociedad civil y desde luego a los empresarios. Eso significa comunicaciones, progreso y en definitiva posibilidad de convergencia. Este debate parece que no interesa explicarlo a la sociedad. Y sin embargo, estamos enfrascados en si somos realidad nacional, país o nación. A la gente este asunto no le interesa. Yo me siento andaluz y me siento español.

Es un salto mortal, del localismo profundo que ha impedido hacer la construcción regional, a ponerle un nombre rimbombante a la región por hacer.
-Ese presupuesto que puede ir destinado para Cataluña, ¿de dónde sale? Porque si lo hace Cataluña, ¿qué va a pasar con Madrid? País Vasco y Navarra ya tienen sus acuerdos fiscales ventajosos. ¿Pero Valencia o Baleares se van a estar quietas? ¿Y qué hacemos nosotros después? Y una sociedad de aquí que sea próspera y progrese, que gane dinero y tribute aquí se planteará, ‘oiga me va a ser más barato tributar en Bilbao que en Córdoba’. Ya es más barato y conozco algún caso. El riesgo es que esto se extienda.