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Galería de empresarios andaluces por Ignacio Martínez
 
 
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José
Gandía Giner
 

 

Presidente de Royal
 
José Gandía, preside la sociedad agraria de transformación Royal, donde son socios las familias Parias y Raventós | Produce 37.000 toneladas de frutas de hueso, espárrago blanco, fresa, frambuesa y cerezas| Su facturación es de 70 millones de euros | Dedica un 2 por ciento de la cifra de negocio a I+D | Las tierras de cultivo están en Sevilla, Huelva, Badajoz, Portugal y Marruecos | Casi toda su produccion se exporta a la UE
 
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“Si Alemania no puede seguir tan federal cómo lo va a ser España”  
 
 
En los despachos, modernos y diáfanos, de Royal se habla por teléfono en múltiples idiomas. El 90 por ciento de las ventas van a otros países europeos. Este es un negocio netamente exportador.

En los últimos 30 años la agricultura andaluza ha dado un salto de gigante.
–España tenía un retraso espectacular, en su incorporación al mundo económico europeo. En los años 50, en Marruecos, cuando pasábamos del protectorado francés al español, dejábamos autopistas y luces de neón para entrar en carreteras con baches en los cabían automóviles enteros y bombillas que no alumbraban. En Andalucía, siendo niño he ido de Algeciras a Granada y había dos gasolineras. Desde
 
El empresario examina la flor de un árbol en su finca de La Rinconada
  El empresario examina la flor de un árbol en su finca de La Rinconada. /M. Gómez.
 

entonces, Andalucía crece muy rápido. Recupera el tiempo perdido.

Una de las revoluciones en el campo andaluz es que los hijos de los ‘propietarios’ se convirtieron en ‘empresarios’.
–Ha habido dos factores para el cambio: dimensión y clima. Andalucía ha crecido empujada por individualidades con una capacidad empresarial importantísima. Pero también está el clima. No hay ninguna región en Europa con un potencial climático tan grande, que estuviese tan subdesarrollada.

¿En qué se ha notado el cambio?
–El empresariado andaluz, en particular el agrícola, tenía fama de saber hacer, pero no de saber vender. Quizá porque sus raíces han estado más vinculadas al mundo fabril que al mercantil. Al contrario que en Valencia o en Cataluña. No tener experiencia vendedora nos ha perjudicado enormemente. Por ejemplo, la mayor parte de nuestra producción de aceite de oliva la seguimos exportando a granel, para que los italianos la envasen y la distribuyan por el mundo.

El aceite de oliva es un cuarto de la producción final agraria regional y se lleva la mitad de los fondos europeos al campo andaluz. Las frutas y hortalizas, con casi la mitad de la facturación, sólo perciben un 5% de las ayudas. ¿Las subvenciones han acomodado al sector aceitero?
–La ruina de Italia ha sido el sistema de incentivos. La gente producía para conseguir la máxima prima y después destruir la cosecha. Un enfoque diabólico. Pero hay que añadir que no hay un sector económico creador de riqueza sin tener un sistema de ayudas flexible y eficiente. Las dos cosas son válidas.

desarrollo
  “Dentro de 25 años no se podrán cultivar aquí determinados productos; pero sí podrán estar aquí las cabezas pensantes”  
  Un sistema de ayudas y algo más valioso, la innovación.
–Desde luego. El Guadalquivir no era una zona adaptada a la fruticultura cuando empezamos. Los árboles frutales necesitan un número de horas de frío que les permita descansar en invierno, para luego producir. Tradicionalmente se han dado en zonas mucho más al norte, como en el Midi francés o en Lérida y Aragón en España. Y las variedades que existían no estaban adaptadas a nuestra zona, en la que no hay inviernos tan fríos. Tampoco existían en California, por eso investigamos para que se adaptaran a este tipo de climatología.

Ustedes exportan en fresco. ¿No se han planteando hacer algún tipo de
transformación?
–Hoy en día, con la aparición de China en el mundo de la agricultura transformada, en conservas, la parte industrial de la agricultura tiene un futuro incierto.

¿Cómo ve a China en el escenario mundial? Tenemos sobre el tablero una gran potencia, Estados Unidos; otra que llega, China; y la Unión Europea debería ser la tercera en discordia...
–La evolución de China va a modificar las relaciones internacionales. Hay el precedente de Taiwan, que es gran consumidor de productos agrícolas y exportador de bienes fabricados. China, con su enorme población, va a tener un largo período de transición. Y acabará por ser un cliente más que un competidor.

El mundo empresarial moderno es muy cosmopolita.
–Sí. Una de sus características es su multilateralidad. Integrar corrientes distintas y ser capaz de hacer funcionar en equipo a gente con especialidades y culturas diferentes, sacando de cada uno lo mejor. Royal es un ente basado en dos facetas, la comercial y la investigación. En ambos casos el hecho generador tiene que ver con el mestizaje que viví en mi infancia.

¿Cómo se engarza este elemento de modernidad en Andalucía?
–Este aspecto me apasiona. En el siglo de oro de la presencia árabe, Andalucía fue un referente de tolerancia y convivencia entre culturas antiguas, que asimilaron lo que es el alma andaluza, que quizá sea muy anterior a árabes y romanos.

Es un tercer elemento que añadir a su binomio para el éxito: Dimensión, clima... y cultura.
–La dimensión cultural supone respeto por los demás y capacidad para valorar sus méritos. Y esa riqueza integrarla en un grupo.
José Gandía Giner
/M. Gómez.
  ¿Eso nos permitirá ser mejores comerciales en el futuro?
–Claro. En el mundo agrícola, como en otros, ser comercial es aportar valor. Crear una familia de productos que sean importantes para el consumidor, que los esté esperando. Juan Roig [presidente de Mercadona] explica que está cambiando el concepto de distribución. El equipo lo forman el suministrador, el supermercado y el público; el distribuidor tiene que saber captar rápidamente el deseo del consumidor y ejecutar nuevas ideas y sabores. Es más importante ser flexible y rápido, que ser grande.

En la Transición, la opinión pública tenía una imagen sombría del empresario. 30 años después la percepción es completamente distinta. ¿Cómo ve a los empresarios agrarios del futuro?
–Tiene que ser un ciudadano de primera. El empresario agrícola actúa en un marco que está muy cerca del corazón de las personas, en contacto con el medio ambiente y la calidad de vida de los seres humanos. El consumidor tiene que sentirse partícipe del futuro de su medio ambiente y, a través de su consumo, un actor más de la cadena de valor de la sociedad. Y el empresario debe también cuidar su grupo humano, que es su capital fundamental.

¿Está propugnando la agricultura ecológica?
–Pienso que Paco Casero [presidente del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica] tiene un mérito extraordinario.
Defender la naturaleza y la agricultura ecológica es una asignatura fundamental. Nuestra idea es conocer todo lo que se hace en el mundo en este campo, en particular en fertilización, que nos permita tener productos ecológicos que no sean muchísimo más caros, sino más valiosos.

El primer consejero de Economía de la Junta dijo en 1982 que Andalucía sólo con agricultura y turismo seguiría subdesarrollada. Ahora, la agricultura tiene mucho más valor y ha aparecido la construcción como un sector locomotora. ¿En qué debe basar la región su desarrollo futuro?
–Andalucía es un milagro y ser andaluz es un privilegio. Con la evolución de los viajes aéreos a precios baratos, gente de otros países vendrá a vivir aquí. Andalucía tiene algo que ya soñaría California con tener, que es profundidad cultural, raíces, que el mundo moderno está perdiendo. El futuro está en saber mantener esa dimensión histórica, esa universalidad. Ese milagro hay que llevarlo como banderín de enganche de cualquier actuación.

¿En qué sectores productivos?
–Con el establecimiento de una sociedad cada vez más plural, irán apareciendo oportunidades en turismo, servicios, industria... Creo mucho en el deporte; todo lo que tenga que ver con el caballo, con el golf, con el vino… Hemos pasado ya la revolución industrial del siglo XIX, no tenemos que reimplantar aquí modelos obsoletos. Pero es importante fijar polos de atracción y estructuras que abran el futuro.

¿La investigación sería una de las nuevas patas del desarrollo?
–Andalucía tiene que ser un lugar dónde se investigue y desde aquí se exporten modelos de agricultura o comercio. Puede ser una universidad del mundo, en los productos que ya es líder: el aceite, por supuesto, los productos hortofrutícolas… Almería es un referente de una valía importantísima, Huelva, Sevilla y Málaga también lo son.

Andalucía es el lugar con cultivos más tempranos de Europa en este momento. ¿Esto seguirá siendo un valor?
–Dentro de 25 años, difícilmente se podrán cultivar aquí determinados productos. Pero sí tienen que estar aquí las cabezas pensantes, la creación de valor, las organizaciones.
¿Por qué no se podrá tener determinados productos aquí?
–Se podrá cultivar lo que sea mecanizable, pero ¿qué podemos hacer contra Egipto, Marruecos o Turquía?, con una mano de obra cualificada y mucho más barata. Lo que podemos hacer es que los centros neurálgicos y el entramado empresarial estén aquí y no en Francia o en Italia. Estamos justo en el límite donde podemos consolidar esos modelos y exportarlos. Tenemos una oportunidad histórica. Hay muy poco tiempo, una ventana de 10 años. Cuando pase ese tiempo estos países intentarán ellos mismos entrar dentro de esa dinámica.

 
investigaciÓn
  “La gente de talento vendrá atraída por el clima y nuestras tradiciones, que son la clave paraconstruir el futuro”  
Para hacer eso hacen falta buenos empresarios, y muchos.
–Ahora tenemos los instrumentos para conseguirlo: instituciones que se dedican a crear un tejido intelectual, empresarial y humano, como las escuelas de negocios, que se merecen la aprobación general de la sociedad. Una de ellas es San Telmo; hombres como Javier López de la Puerta deberían ser premiados por su labor. El número de empresarios va a ir creciendo. Pero para ser centro de decisión que exporte modelos, hace falta dimensión, empresas grandes.

¿En una sociedad moderna, los empresarios deciden más que los gobiernos?
–En Andalucía estamos en una hiperbolia de la política y una falta de protagonismo de la sociedad civil. Andalucía no se consolidará, si no ponemos una atención mayor a la sociedad civil en detrimento de la política, que tiene que ser una herramienta de distensión, de comunicación, pero no de apropiarse protagonismos.

El presidente Pascual Maragall sostiene que ya ha sido suficiente la solidaridad de Cataluña con Andalucía. Pero ¿cómo se compensa el notable superávit comercial catalán?
–El tema catalán es para mí muy doloroso, porque soy socio y amigo de catalanes. Es una sociedad modélica en tolerancia y multiculturalidad. Su vocación europea ha estado siempre por delante del resto de España. Que ellos entren en una guerra de rivalidad con el resto de España, es una pérdida irreparable para el espíritu de nuestro mundo español. El carácter agresivo que ha provocado la guerra del cava va más allá de la discusión económica. Es tremendo que perdamos fuerza por un nacionalismo de vía estrecha. Nuestra incorporación a Europa ha eliminado la preocupación por el golpismo, pero tristemente una Constitución algo falta de definición puede hacer que el golpismo renazca como uno de los problemas de España en el siglo XXI.

¿Está en contra del boicot a los productos catalanes?
–Por supuesto.
crecimiento
  “No había en Europa una región con un potencial climático tan grande que estuviese tan subdesarrollada”  
  ¿Cómo podemos articular las finanzas del país para evitar tensiones entre los territorios?
–Si Alemania no se puede permitir seguir siendo tan federal como es hoy, y nuestro modelo autonómico es mucho más liberal que el alemán, cómo se lo va a permitir España. Espero que en el futuro los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, reflexionen y encuentren el camino que resuelva estas tensiones. Una crisis económica grave y larga los podría poner de acuerdo.
¿Vería positiva en España una gran coalición a la alemana?
–No hay otra salida. Nuestra Constitución ha sido fruto del trabajo de diferentes partidos. La modificación de nuestro concepto como nación tiene que hacerse aunando las grandes corrientes de opinión.

¿Qué puede aportar Andalucía en este embrollo?
–Andalucía es un mundo cargado de valores y tradiciones. Justo antes de la crisis de Argentina, la mujer de un gran empresario argentino, viendo la Macarena me cogió la mano y me dijo: “Qué maravilla, sobre esto se puede construir un imperio”. Luego me explicó: “En Argentina todos queremos ser otra cosa de lo que somos”. Y nosotros queremos ser lo que somos, andaluces y estar con el resto de España. Y sobre esa roca se puede construir un imperio. Andalucía será lo que esa fuerza sea capaz de conformar en el futuro.

Un polo de atracción.
–El principal valor de una empresa es su capacidad de atraer el talento. Y Andalucía es capaz de atraer a gente que quiera progresar. Esas tradiciones, lejos de arrinconarnos en el pasado, son la clave para construir el futuro.

¿No es contradictorio apostar, al mismo tiempo, por mantener las tradiciones y por investigar y crear mercados?
–Si no sabemos unir los dos polos, no vamos a ningún sitio. Cuando decimos que somos malos comerciantes, me pregunto ¿en qué consiste ser comerciante hoy? Es saber crear valor; utilizar las herramientas del siglo XXI para poderle aportar al consumidor lo que está soñando que pudiera existir. Para eso necesitamos la investigación. ¿Y cómo se hace? Atrayendo a los mejores. ¿Y cómo se atrae a los mejores? Teniendo una sociedad que sea capaz de integrar a gente de talento que vendrá no sólo atraída por el clima; también porque seremos capaces de mantener nuestros valores. Esto vale para cualquier tema: el botellón, la violencia...

¿Cómo acabaría con el botellón? Porque los políticos parece que no saben cómo hacerlo.
–Acabar con el botellón es muy complicado. Lo que hay que transmitirle a la gente joven es confianza en sí mismos; que crean en los méritos, desarrollando el deporte, la competitividad. La falta de proyecto hace que la gente se desespere. No sólo los políticos, la sociedad civil tiene que transmitir ilusión a la gente joven. Sin ilusión no hay manera de romper con el círculo vicioso en el que estamos entrando.