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Santiago
Gómez Sierra
 

 

Presidente de
cajasur
 
Santiago Gómez Sierra preside una entidad financiera que tuvo en 2006 un volumen de negocio de 26.285 millones de euros | El beneficio neto de la caja cordobesa fue de 79,5 millones | Tiene 2.838 trabajadores | Un 60 por ciento de sus 478 oficinas está fuera de Córdoba | Está implantada en siete comunidades autónomas y 15 provincias | Su estrategia es crecer dentro de Andalucía y en todo el arco mediterráneo
 
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“La Iglesia rechaza que CajaSur se vea envuelta en ninguna fusión”  
 
 
Antes de ordenarse sacerdote, Santiago Gómez estudió en Madrid las carreras de Filosofía, Ciencias de la Educación y Teología.
¿Cuál es su pensador favorito?
–Santo Tomás [1225-1274]. Una síntesis perfecta de todo el pensamiento clásico pagano y del cristianismo. Para la Iglesia es un referente del pensamiento teológico y filosófico. El Papa actual está desarrollando el tema de la fe y la razón y Juan Pablo II ya había desarrollado el valor de la razón para la Iglesia.

Es un debate muy actual.
–Hay una intuición de Santo Tomás: el Dios que nos ha creado como seres racionales, en su revelación sobrenatural no puede contradecir su obra. Razón y fe están llamadas a abrazarse y desarrollarse mutuamente.

Es un precedente para la discusión que siglos después se produjo en la Ilustración; un movimiento que sacralizaba la razón.
–La Ilustración puso como diosa a la razón, creó hasta monumentos a la diosa razón, y ahora en la postmodernidad es la Iglesia la que viene a levantar la bandera de la razón. Lo hizo Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio, la Fe y la Razón [1998].

El famoso discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, en septiembre, comparaba las religiones cristiana y musulmana, y establecía que en la doctrina musulmana la voluntad de Dios no está ligada a la racionalidad. ¿Cómo ve el fundamentalismo islámico?
 
El presidente de CajaSur, en su despacho de la sede central de la caja, en Córdoba
  El presidente de CajaSur, en su despacho de la sede central de la caja, en Córdoba
Fotos: José Martínez
 

–Creo que la respuesta al fundamentalismo no es el relativismo. Lo que definiría a una postura fundamentalista es una verdad que no se dialoga, que no se permite que se cuestione, sino que se afirma e incluso se impone con violencia. En la respuesta de la cultura occidental no ha tenido poco que ver la Iglesia, en dos líneas de pensamiento.

¿Cuáles?
–Por una parte, la fe no es irracional, puede ir más allá de la razón, pero no la puede contradecir. La Iglesia no solamente ha hablado de una moral sobrenatural, que nos revelaron los diez mandamientos, sino también de una ley natural. Si nos ponemos a pensar en los mandamientos, podrían ser no matarás, no mentirás… La razón natural nos dice que un orden social no se puede edificar sobre otros valores. El valor de la razón es un argumento que aleja a la cultura occidental de pensamientos fundamentalistas.

¿Y el segundo pilar?
–La libertad. En todo occidente y para la revelación cristiana, la libertad es el valor fundamental: la dignidad de la persona. La verdad no se impone contra la libertad de nadie; se puede ofrecer, no imponer.

Lo que no siempre ha sido así en la historia de la Iglesia.
–En el Jubileo del año 2000 el Papa Juan Pablo II hizo una petición de perdón por los pecados de la Iglesia y uno de ellos era éste, las veces que no se había comprendido que la verdad se impone por sí misma y no se puede imponer con la fuerza o contra la libertad de nadie.

¿Los abusos de la Inquisición?
–Creo que tendríamos ejemplos mucho más contemporáneos.

Gobierno andaluz
  “La relación entre la Junta y CajaSur es de absoluta comunicación y transparencia; con relaciones personales muy fluidas”  
  CajaSur presume de ser la cara humana del sistema financiero andaluz. ¿Qué tiene diferente esta caja de las demás?
–Ese lema pretende más manifestar una voluntad nuestra que una calificación de las demás. El negocio financiero no es una actividad neutra, que se pueda regir sólo por parámetros de beneficio. También importa dónde se invierte y el compromiso con la realidad económica y social no sólo de Andalucía, sino del área de implantación de la entidad. Tenemos una visión de la sociedad, de la persona y del propio desarrollo económico que no es puramente mercantilista. Y luego, un elemento importante de este rostro humano es la obra social, que tiene un presupuesto de 28 millones de euros.
Entre sus experiencias previas, ha sido responsable de la Obra Pía de la Santísima Trinidad.
–Es un caso casi único en la Diócesis. Es una parroquia en la que mi predecesor, desde los 60, empezó a comprar casas para hacer colegios. Se necesitaban puestos escolares.

¿En la Iglesia de la Trinidad?
–Es la iglesia del antiguo convento de los trinitarios. Con la desamortización, quedó el templo y lo demás fueron cuarteles. Y este sacerdote, Antonio Gómez Aguilar, abrió tres colegios, una guardería y dos residencias de ancianos. Cuando murió, con 62 años, me destinaron allí y me encontré en 1993 con una parroquia espléndida.

¿Existen esos colegios?
–Tuve que acometer una obra importante en los colegios; se estaba implantando la LOGSE y exigía una transformación de los centros. Fue una inversión de 100 millones de pesetas del año 95. Hubo algún consejo para que cerrase dos de ellos, que eran pequeños. Pero los mantuve abiertos y creciendo.

Una mayoría de las 478 oficinas de CajaSur están fuera de Córdoba. ¿Por dónde crecerán?
–Primero, en Andalucía. En 2007 pensamos abrir 17 nuevas oficinas. Alguna en Córdoba; después, en Huelva, Málaga, Granada y Jaén. Y también en Barcelona, Alicante, Valencia y Murcia.

Los beneficios de CajaSur crecieron casi un 20 por ciento el año pasado. ¿El parón de la construcción va a reducir el crecimiento del negocio bancario?
–El sector de la construcción está experimentando una desaceleración, más que un parón. Ha sido un sector con una ebullición astronómica y empieza a entrar en parámetros más normalizados, sobre todo la segunda vivienda. No están en la misma situación las promociones de costa, que las que se hacen en pueblos o ciudades, donde no se nota tanto esa ralentización.
Santiago Gómez Sierra
  ¿Y cuál es su estrategia?
–Diversificar hacia otros sectores, sin abandonar la construcción, que es una actividad económica difícil de deslocalizar. El sistema financiero no puede volver la espalda a ese sector. Pero nos estamos apoyando en otros, como el de servicios, el turismo, el sector agroalimentario o las energías renovables.

CajaSur ha sido sinónimo de conflicto en un pasado reciente. Su predecesor, Miguel Castillejo tuvo enfrentamientos con el Gobierno andaluz y hasta con el anterior obispo de Córdoba.
–Felizmente, hoy la relación de CajaSur con el Gobierno andaluz es de absoluta comunicación y transparencia. Desde las relaciones personales, que son muy fluidas, hasta el seguimiento dentro de las competencias propias de la Junta.

¿Cree que en las cajas hay una excesiva presencia pública?
–La singularidad jurídica de CajaSur hace que no tengamos la misma presencia pública que otras cajas. Pero no queremos vivir de espaldas a la realidad: el Gobierno andaluz acaba de presentar un programa de desarrollo regional y CajaSur se compromete con él. Los problemas en este tipo de entidades empiezan cuando se instrumentalizan las instituciones con fines distintos a los que puedan ser los suyos.
¿Qué relación tiene con el consejero José Antonio Griñán?
–Un trato cercano. Le conocí cuando se estaba trabajando en el acuerdo entre la Iglesia y la Consejería, para la vuelta de CajaSur a la tutela de la Junta. Ahora, como presidente de la caja, nos hemos visto varias veces. La relación es cordial y franca. Es un hombre muy respetuoso con la vida de todas las instituciones financieras y con la nuestra, también.

Cajasol ha fusionado cajas de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva. Unicaja es la suma de tres de Málaga, una de Cádiz y otra del Obispado de Almería. ¿Se podría pensar en una tercera caja con las de Córdoba, Granada y Jaén?
–Hay dos principios que la Iglesia repite mucho: subsidiariedad y solidaridad. Subsidiariedad significa que lo que yo pueda hacer por mí mismo, no quiero que lo hagan otros. Ese principio podría llevarnos a posiciones egoístas; por eso se corrige con el de la solidaridad. Es decir, donde yo no llegue, me uniré con otros. Traducido, significa que CajaSur puede ser una caja competitiva por ella misma, manteniendo su singularidad. Pero no somos localistas: para lo que no podamos hacer solos, en proyectos financieros que superen nuestros recursos y sean necesarios para la comunidad, nos vamos a aliar con otras cajas andaluzas o no andaluzas.

Ese no es un discurso teórico.
–Las cajas andaluzas acabamos de crear un banco para estas actividades. El Banco Europeo de Finanzas.

¿No tienen todavía el nombre nuevo, con mención andaluza?
–Le queremos cambiar los apellidos. Pero lo importante es el instrumento, que es la prueba de que la fusión no es la única fórmula posible para la cooperación entre cajas.
Se deduce de su respuesta que la Iglesia rechaza que CajaSur se vea envuelta en ninguna fusión.
–Totalmente.

¿Cómo ve la economía andaluza? El crecimiento de los últimos años ha sido espectacular por la construcción.
–Andalucía tiene unos recursos naturales, que la convierten en una potencia turística. Es un sector que tiene que seguir ganando en calidad e innovación. El desarrollo del sector agroalimentario es muy notable, con una realidad muy rica en cooperativas; alguna de ellas en proceso de reconversión a sociedades anónimas, que les permita tener un pulmón financiero mayor.
 
cooperativas
 

“A veces los niveles de inversión plantean problemas de gestión y una sociedad anónima permitiría un pulmón financiero mayor”

 
¿Apoya la creación de una sociedad anónima por Covap, que no salió hace seis meses?
–La cooperativa es una figura para una actividad más bien mediana o pequeña. Las cooperativas surgen como agrupaciones para no estar al capricho o decisión arbitraria de la demanda. Pero llega un momento en que los niveles de inversión o el volumen de capitales plantean serios problemas de gestión. Para crecer, la figura de cooperativa se puede quedar pequeña.

Ha habido, durante un tiempo, una mala relación entre la Iglesia y el Gobierno. Incluso hemos visto a cardenales, como Rouco, manifestándose.
–La Iglesia tiene su propia óptica para ver la realidad; la óptica de los valores, de la moral, de la visión integral de la persona… Y hay temas en los que es particularmente sensible. Creo que no se puede hablar de mala relación de la Iglesia con el Gobierno. A veces hay medidas del Gobierno, que aun buscando el mismo objetivo de reforzar los valores de la sociedad, la Iglesia no comparte la manera de hacerlo. Estoy pensando por ejemplo en la Educación para la ciudadanía.

Cuando oigo al portavoz de la Conferencia Episcopal decir que la Educación para la ciudadanía es contraria a la moral católica me quedo de piedra. Se puede entender que la Iglesia esté contra los matrimonios homosexuales. Pero el resto es enseñar la Constitución, los derechos humanos y hasta educación vial. Eso no va contra ninguna creencia religiosa, ni contra la razón natural.
–La Conferencia Episcopal se ha pronunciado sobre el contenido. Hay un déficit cultural y social de valores y una sociedad no puede dejar de afrontar ese problema, que se traduce en violencia escolar, indisciplina y fracaso. Valores como la libertad o la democracia hay que transmitirlos a los jóvenes.

Lo que nos lleva a la necesidad de una asignatura de este tipo. ¿Dónde empieza el conflicto, con los matrimonios homosexuales?
–Por matrimonio, entendemos el de un hombre con una mujer. Eso no quiere decir que no haya respeto por los homosexuales. Se tendrían que haber buscado fórmulas para resolver ese problema, sin equipararlas con la familia tradicional.