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Galería de empresarios andaluces por Ignacio Martínez
 
 
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  el perfil   Un marino de tierra adentro
 

 

Fernando
Giménez Alvear

 

Consejero delegado de alvear
 
Fernando Giménez Alvear dirige una empresa que facturó 12 millones de euros, en 2006 | Estas bodegas de Montilla producen cinco millones de litros al año, de los que exporta dos millones | Sus principales mercados exteriores son Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Holanda y Alemania | También producen tintos en Alange (Badajoz), en donde tienen 100 hectáreas de viñas | Dan empleo a 70 trabajadores
 
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El fundador de la dinastía, Diego Alvear Escalera, fue un riojano, que vino a Montilla para ser administrador del duque de Medinaceli en esta zona de Andalucía. Amante de la naturaleza, compró viñedos y empezó a hacer vinos en 1729. La actual es la octava generación de bodegueros, aunque también se dedicaron a la producción de aceite en el siglo XIX.

La joya de la familia es su Pedro Ximénez, gracias a que el bisabuelo del actual consejero delegado replantó con esta variedad sus fincas tras la plaga defiloxera que asoló España desde finales del XIX. Su abuelo Fernando Alvear Abaurrea unificó la propiedad hace tres generaciones y los actuales accionistas de la bodega son sus 38 descendientes. Fernando Giménez Alvear (Córdoba 1959) estudió en el colegio Ahlzahir de la capital cordobesa y después COU y la carrera de ingeniero naval en Madrid.

La vinculación al mar de la familia viene de lejos: Su madre, Carmen, nació en Tui (Pontevedra) en donde estaba destinado su abuelo, que era marino. Y en San Fernando (Cádiz) hay una bocacalle de la Calle Real, que se llama Diego Alvear, porque el padre de su tatarabuelo fue gobernador militar de la Isla de León durante la época de las Cortes de Cádiz. A pesar de sus estudios y de este pedigrí, trabajó en la industria aeronáutica durante ocho años.

Después, se incorporó a las Bodegas, y se convirtió en el primer ejecutivo en 2000. Alvear pertenece desde hace siete meses a la Asociación Andaluza de la Empresa Familiar y se plantea hacer un protocolo que asegure la armonía entre familia y empresa. Casi todos los accionistas viven en Sevilla, Madrid o País Vasco. Fernando tiene dos hijos; el mayor estudia ICADE, y la pequeña empieza este año Arquitectura. Las carreras de ambos obligan a su mujer, Belén Gutiérrez Maturana, licenciada en Derecho que no ejerce, a estar a caballo entre Madrid y Córdoba.

El AVE es un buen aliado del empresario para acercar sus dos domicilios de Madrid y Córdoba y su trabajo en Montilla. Le apasiona la vela, que ha practicado sobre todo en Málaga, aunque en verano sea una zona tradicional de poniente en calma. Él se siente muy cordobés. Es austero, como buen andaluz del interior. Le fascina la historia. Su libro favorito en este campo es la biografía del Conde Duque de Olivares del hispanista John Elliot y su época predilecta el reinado de Carlos V.

En literatura tiene gustos diversos. Entre sus autores preferidos están Javier Cercas (Soldados de Salamina), Amin Maalouf (La roca de Tanios, premio Goncourt 1993) y Antonio Muñoz Molina. No se considera ni muy bailón ni muy musiquero. Pero entre sus bandas sonoras habituales están Los Beatles y Elton John. Le gusta más Londres que París o Chicago que Nueva York, pero en el capítulo de lugares, se queda con El Parque Nacional de los Glaciares en Argentina. Él, como el fundador de la dinastía, también es un amante de la naturaleza.