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  mÁs empresarios
 
 
 
 
 

 

Fernando
Franco Fernández
 

 

PRESIDENTE DEL
grupo tecnolÓgica
 
Fernando Franco preside un grupo ingenierías de alta tecnología que factura 23 millones de euros al año | Un 90 por ciento de su volumen de negocio lo hace fuera de España | Emplea a unos 120 trabajadores en sus divisiones de Sevilla, Tres Cantos (Madrid) y Toulouse (Francia) | Más de la mitad de su plantilla son licenciados universitarios | Su compañía tiene una clara vocación de expansión en Europa
 
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“Gente con iniciativa tiene que ser la locomotora de la economía regional”  
 
 
Su compañía supervisa minúsculos circuitos integrados que deben funcionar en el espacio durante 15 años. Unos cuestan más de cien mil euros; otros, unos céntimos. Pero ninguno puede fallar.
Se dedican ustedes a la industria aeroespacial y a productos electrónicos de alta fiabilidad. Suena fascinante.
–Esta es una empresa de ingeniería. Ahora hacemos más cosas, pero desde que nacimos hace 20 años nos dedicamos verificar y certificar que todos los componentes electrónicos que se utilizaban en satélites son de alta fiabilidad. Por una razón obvia: a un satélite no se puede ir a cambiar una tarjeta.

¿A qué deben ser resistentes?
–Un satélite recibe radiaciones gamma, en dosis que se van acumulando, también iones pesados, partículas, neutrones. Y durante el lanzamiento hay vibraciones muy fuertes. Además, en un satélite se utilizan pocos componentes electrónicos, si lo comparamos con otro tipo de industria. Así que éstas pidiendo muy pocos componentes y con muy altas prestaciones. Nosotros centralizamos el proceso.

¿Ese es su papel?
–Somos un prescriptor y un centro de calidad reconocido mundialmente para este servicio. Vendemos componentes electrónicos o servicios que hacen que el usuario final tenga la seguridad de que lo que está utilizando es de alta
 
El empresario, en la sede central de Tecnológica, en la Cartuja de Sevilla
  El empresario, en la sede central de Tecnológica, en la Cartuja de Sevilla.
Fotos: Carlos Lazarich
 

fiabilidad. Con el tiempo, hemos crecido y ahora ensamblamos equipos electrónicos de tierra. Y estamos en la industria aeronáutica, a través de nuestra filial en Toulouse. También trabajamos para Airbus y para los principales fabricantes de electrónica embarcada en aviones.

Aviones, satélites. ¿Están en algo más?
–En la industria de telecomunicaciones y defensa, con importantes perspectivas de crecimiento. Luego, tenemos un programa de I+D para electromedicina, para radioterapia, muy diversificado en los centros de Toulouse y Sevilla.

Suena sorprendente esta actividad en alta tecnología gobernada desde Andalucía.
–Inicialmente creamos la empresa en Majadahonda, en 1986. Se nos quedó chico, y en julio de 1993 nos mudamos al antiguo pabellón de Corea en la Expo. Mantenemos una división en Madrid, en Tres Cantos, pero en Sevilla está la sede social.

Pero ustedes no son fabricantes.
–Lo que hacemos es I+D, laboratorio, producción, damos un servicio, de alta cualificación tecnológicamente hablando, pero no fabricamos nada. Al cliente se le puede aconsejar que utilice a un determinado fabricante, que conocemos por la calidad de sus dispositivos.

¿Sus componentes qué función cumplen en los satélites?
–Sirven para todo. El 90 por ciento del peso del satélite es electrónica. Y el 10 por ciento restante es estructura y mecanismos. Y toda la electrónica tiene que estar construida con componentes fiables.

Es el nicho de mercado inicial.
–Sí. Pero ahora estamos más diversificados. Por ejemplo, el primer Meteosat se lanzó en el año 78 y en el 90 había que mandar otros dos. Hubo que hacer un modelo de transición, porque el diseño de la segunda generación no estaba listo y el primero ya estaba obsoleto. Y había componentes que ya no existían en el mercado. Entonces, para construir el modelo de transición, desarrollamos componentes que dieran el mismo servicio.

¿La obsolescencia es un problema frecuente en otros campos?
–Por ejemplo, en el terreno militar. A los torpedos, se les exige una vida muy larga, quizá de 20 años. Y a lo mejor, después se hacen programas para prolongar su existencia cinco años más.

espacio
  “Europa tiene la misma capacidad tecnológica que EE UU, pero no el mismo dinero. Ahora vamos a ir a Marte”  
  ¿Qué tipo de clientes tienen?
–Trabajamos en proyectos de todo tipo. El primero fue un proyecto científico, el ISO [Infrared Space Observatory], que se lanzó hace un montón de años. En ese proyecto trabajé, cuando estaba en la Agencia Europea del Espacio [ESA]: me ocupaba de la parte térmica, criogénica, porque al ser infrarrojo, toda la óptica tenía que estar refrigerada con helio superfluido.

¿Su paso por la ESA le descubre cosas que la Agencia necesita y de las que estaba mal servida?
–Así arrancamos.
¿A quién le vende servicios?
–A la Europa de los 15, Rusia, China, India, Israel, Japón, Corea, Brasil, Argentina… A Estados Unidos, muy poco, porque una sola empresa americana fabrica tantos satélites como toda Europa junta. Son compañías como Boeing o Lockheed Martin de más de 100.000 trabajadores. Boeing es cliente nuestro cuando hace cosas fuera de EE UU. Podríamos ser muy competitivos en América, pero a ellos no entienden que para comprar en Estados Unidos, tengan que venir a España. Y nosotros compramos mucho allí: El 65 por ciento del valor de los componentes que se mandan al espacio, se hacen en Estados Unidos. Los fabrican por todas partes: Una vez hice un viaje para hablar con proveedores y visité 20 estados.

¿El nivel tecnológico europeo es similar al americano?
–Europa tiene la misma capacidad tecnológica, pero no el mismo dinero. Podría hacer perfectamente un space shuttle [lanzadera espacial]. Hubo un proyecto europeo de transbordador, el Hermes. Fui el responsable del primer contrato que la Agencia Europea del Espacio pasó para los materiales de protección de la reentrada del Hermes. Se lo dimos a una empresa francesa, Aérospatiele, que tenía la tecnología de protección de los misiles balísticos. Teníamos tecnología y diseño, pero por dinero no se hizo.

Así, los americanos van a la luna y nosotros no.
–Los europeos vamos a ir ahora a Marte. De hecho, nosotros estamos metidos en el proyecto Aurora, que es un rover que se llama Exo Mars. El rover va a estudiar la superficie de Marte y a hacer análisis químicos.

¿Por qué tenemos la sensación de que los americanos están muy por delante del resto del mundo?
–Lo que sí tienen es muchísima más tecnología de base y tienen la llave del grifo que puede permitir a los demás países desarrollarse o no. Entre otras cosas, tienen una ley restrictiva de comercio basada en las tecnologías de doble uso.

¿Y cómo se puede ganar mercado en este campo?
–China tiene un programa espacial ambiciosísimo. La India pretende tener autonomía en servicios de telecomunicaciones, observación de la tierra o planificación de recursos. En posicionamiento GPS hay tres proyectos en el mundo: el americano, que está en marcha; el europeo Galileo, y el ruso Glonass. No creo que China, de momento, pueda tener su propio sistema de posicionamiento, pero si el espacio se va a ocupar algún día, China querrá ser uno de los países que lo haga.
Fernando Franco Fernández
  ¿Será Europa o China quien compita con Estados Unidos en alta tecnología?
–Veo más activo el Pacífico que Europa, en desarrollo tecnológico. En nuevos retos, Europa está un poco parada. Tenemos una sociedad acomodada, acostumbrada al bienestar, que destruye los valores de posguerra, que la hicieron fuerte. Después de la gran convulsión de la II Guerra Mundial, toda Europa se preocupó por las cosas importantes: La familia, producir, la solidaridad, son una serie de valores que ahora mismo, poco a poco, se van diluyendo. Eso lo pagaremos.

¿En qué se traduce eso en el campo económico?
–En pérdida de competitividad, porque hay gente en otras partes del mundo que está preocupada por lo importante: son solidarios y quieren producir. Son valores que veo más en Oriente, en general. En Japón, cada individuo es una bandera nacional en sí mismo.

Si Europa tiene poca competitividad, España tiene menos.
–Sin embargo, en España hay empresas muy buenas, que son muy competitivas, porque están en el mundo. España ha tenido la gran suerte de poder aprovechar todas las ayudas de la UE, que han venido porque teníamos grandes empresas de obra civil, que otros países, como Portugal no tenían. Para hacer un desarrollo en muy poco tiempo de la dimensión que se ha hecho en España o tienes unas empresas locales muy fuertes, o no te lo hace nadie.

¿Qué imagen se tiene de Andalucía en el mundo?
–La idea de Andalucía sigue siendo muy tópica. Toros, vino y sol. Granada, Sevilla y Córdoba son las tres ciudades que más suenan. También la Costa del Sol.

¿Andalucía tiene futuro en industria moderna?
–Hay muchas oportunidades. En energías alternativas, por ejemplo.

¿Es partidario de la energía nuclear?
-Por supuesto. Preferiría tener una central nuclear en mi pueblo, muchísimo antes que una central térmica. Es mucho menos contaminante, y con la nueva tecnología occidental, absolutamente segura. Y además, más barata, aunque ahora mismo está subiendo mucho la tonelada de uranio, porque hay bastantes países con planes de construcción de centrales nucleares. China e India, por ejemplo.
Pero usted hablaba de energías alternativas para Andalucía.
–Están viniendo nuevos conceptos aparte de las energías eólica o fotovoltaica. Me refiero a las células de combustible, de hidrógeno. Y luego están los biocarburantes que están desarrollando Abengoa o Ebro Puleva. Ahí hay oportunidades. Hay gente muy posicionada, pero siempre hace falta un cierto volumen e invertir en investigación.

¿Y en qué más puede Andalucía tener una oportunidad?
–Lo que falta es creatividad. Es muy importante que se mueva la gente, que el andaluz salga fuera, vea lo que hay por ahí. El emprendedor necesita alguien que
 
desarrollo regional
 

“Las economías occidentales se rinden ante los dictadores: pesa más el contrato petrolero que los derechos humanos”

 
esté dispuesto a poner dinero en su proyecto. Pero antes, tiene que surgir el emprendedor, y si tiene una idea buena, necesita un buen equipo a su alrededor.

¿Cómo ve a Andalucía dentro de 10 años? La construcción es la locomotora de la economía, ¿tomará el relevo otro sector?
–La locomotora de la economía andaluza tiene que ser la gente. La mejor locomotora es el factor humano: gente preparada, con capacidad de visión y con iniciativa.

La globalización no está acabando con el hambre en el mundo.
–Tampoco la globalización es un hecho todavía. No es más que una tendencia, de momento. Lo que pasa es que cada vez el planeta se nos va quedando más pequeño. Lo que ha evolucionado la tierra en un siglo, en todo, en conocimiento, en información, en consumo y uso de recursos, en crecimiento demográfico, es una barbaridad. Ahora, la tendencia a la globalización es inevitable.
construciÓn
  “España ha podido aprovechar todas las ayudas de la UE, porque teníamos grandes empresas de obra civil”  
  Acabar con la pobreza en África no parece nada fácil.
–La corrupción y la violencia son barreras que impiden resolver los problemas de desigualdad con África. Es la dificultad que se encuentra quien quiera resolver el hambre en Etiopía o Somalia. Da igual lo que metas ahí, porque se lo van a quedar unos, que además están matando a los otros. Y aprovechan para enriquecerse, comprar más armas y crear más violencia. Es algo muy difícil cortar. Allí se metieron los norteamericanos, con la idea de acabar con los ‘señores de la guerra’ y poner orden, y no fueron capaces.
 
¿Es pesimista?
–Las economías occidentales se rinden ante los dictadores, porque pesa más el contrato que le puede dar a sus petroleras que los derechos humanos. Y a lo mejor no se están equivocando. Porque cuando se resuelven estos asuntos ‘a la americana’, como en Iraq, resulta que se generan guerras civiles. Es terrible leer las masacres masivas en países de Centroáfrica, a machetazos.

¿Le preocupa África?
–Es el continente que más me preocupa desde un punto de vista humanitario. Y allí hay pensadores, gente con inquietudes. En la II Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla [de la que es presidente] tenemos obras de artistas africanos. No salen del ostracismo, pero hay cada vez más inquietud y más conocimiento.