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Fernando
Feijoo Salgado
 

 

PRESIDENTE DEL
lienzo de los gazules
 
Fernando Feijoo preside una compañía de tejidos que factura 18 millones de euros | Un 8 por ciento de su volumen de negocio lo hace en el extranjero | Tiene 10 tiendas propias y unas 70 franquicias en España, Portugal, Italia, Alemania y Filipinas | Empieza a vender en China y México | Tiene 50 trabajadores en la central y 170 en toda la red | Sus telas con diseños mediterráneos se venden en 20 países del mundo
 
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“La prensa ha conseguido asustar a los europeos compradores de viviendas”  
 
 
La entrevista se celebra en la sede de la empresa en un polígono industrial de Dos Hermanas (Sevilla).
¿Cómo empezó en el textil?
–Constituí Sur Capital, Impulso 92 y Sevilla 93, sociedades de capital riesgo. Montamos hasta 10 restaurantes en la Expo; también había una hilatura y desmotadoras. Entonces se creía que el algodón tenía futuro en la UE: era tan necesario subvencionarlo como el resto de los cultivos, y no era excedentario.

¿Eran empresas participadas?
–Promovimos muchas. Poco a poco. El capital riesgo no funciona en Andalucía, porque no hay dónde invertir. Hay menos proyectos empresariales que dinero.

Y se acerca a la fundación de Lienzo de los Gazules.
–Primero me metí en Mediterráneo, en Hytasa, en donde tenía una participación con unos catalanes, pero el presidente de la compañía fui yo. En Hytasa es cuando me di cuenta de que el textil no tiene ningún futuro aquí...

Pero monta una empresa textil.
–Pero no para vender telas, sino conceptos nuevos. Aunque el soporte sean telas. El valor de las telas es muy reducido. Lo que había en el mercado eran telas españolas bastante baratas y feísimas. Y unas inglesas de importación muy bonitas y caras. Además, encontrar diseños buenos, es barato. Entonces me parecía que tenía una oportunidad.
 
  El empresario, en una de las diez tiendas propias de su compañía.
Fotos: Juan Carlos Muñoz
 

¿Encontró su hueco?
–Había hueco en el mercado. En el mundo los que han tenido éxito con las telas ha sido porque vendían un concepto decorativo. Laura Ashley tuvo una idea genial: vender la cultura inglesa del siglo XIX. Ralph Lauren vende los caballitos de polo y con ellos la cultura kenediana de la Costa Este americana, la modernidad de Estados Unidos. Al final lo que estaban vendiendo, a unos precios importantes, era una forma de vida reconocida por el pueblo. Lo que teníamos que vender era un diseño basado en la cultura mediterránea, con gusto internacional.

¿Sobre qué principios?
–Íbamos dirigidos a un público que le gustaba tener casas bonitas, que no estaba dispuesto a buscar qué tela le coordinaba con la que tenía. Y no tenía mucho tiempo, porque era de clase media-alta, con lo cual trabajaban marido y mujer. Y tampoco tenían dinero suficiente para un decorador. Era un segmento, que estaba creciendo en España. Pero debíamos tener una buena relación calidad precio. No podíamos tener los precios de las telas de importación.

El último elemento clave era la distribución.
–La tienda es el elemento fundamental; la gente tiene que ver en las tiendas los productos expuestos, ambientes.

¿Ha fracasado en algo?
–En la coordinación de las telas que hacíamos, con la ropa de cama. Creo que hicimos la ropa de cama mejor que ha habido en España y a un precio razonablemente bueno.

Pero fue un fracaso.
–Seguramente por varios motivos. Los hábitos eran comprar ropa de cama buena, de ajuar con puntillas de encaje, que al final nunca se utiliza. O comprar la mala, en las grandes superficies, a precios baratos.

¿Y su mayor éxito?
–El declinar de la industria española no sé en qué año empieza, pero no ha terminado todavía. Cuando salimos al mercado, éramos algo nuevo. Fuimos a las ferias de Frankfurt y Valencia, y el éxito fue extraordinario. Nunca pensé en hacer muebles tapizados y hoy es el segundo capítulo de nuestras ventas. El primer producto sigue siendo las telas para decorar, cortinas, telas tapiceras... La mayor parte de los diseños son propios. Compramos telas fuera de España, y naturalmente también en China. Pero los estampados los hacemos en Cataluña.

ALTA TECNOLOGÍA
  “Tengo serias dudas de la capacidad de Andalucía para competir. A los jóvenes les dicen que tienen que ser empleados”
 
  ¿No hay fábricas para estampar en Andalucía?
–No hay dónde hacer telas con estampados de 12 colores, que es el máximo que se puede hacer con rotativas. En Andalucía no hay confianza para poner una industria de este tipo, porque el nivel de estampados de los chinos ahora es malo, pero pronto será bueno. La industria textil que va a sobrevivir en el futuro no lo hará por maquinaria sino por servicio.

¿Es un argumento extrapolable al resto de la industria regional?
–Pensar que en la sociedad del conocimiento, post industrial y globalizada podemos tener una industria en Andalucía en muchos sectores, me parece
inviable. Yo voy bastante por Asia y es tremendo ver lo que se está montando allí. Y tienen de todo: dinero, tecnología, mano de obra y energía barata, y unas condiciones excelentes para producir.

Pero en Andalucía no ha habido que hacer reconversión.
–Tengo bastantes dudas sobre la capacidad de Andalucía de competir en alta tecnología. La formación que tienen nuestros jóvenes está dada por los mayores de antes, una generación en la que manda la seguridad. Y que les dice que tienen que ser empleados.

Sin embargo, cada vez se destaca más el valor de los emprendedores en el desarrollo.
–No lo veo así. Prácticamente nadie ha sido empleado en Europa más allá de la generación de mi abuelo. La gente vivía de sus actividades en el campo. Después aparecen los empleos, y son tan buenos, que le encantan a la gente. Esa cultura sigue existiendo hoy. Durante todos estos años, el problema ha sido la seguridad: había muchas empresas que cerraban y la gente se iba a la calle. Pero eso ya no es cierto hoy, estamos prácticamente en una situación de pleno empleo. La tendencia va a ser esa en los próximos años.

¿Y en qué tiene posibilidades Andalucía?
–El problema es que los gobiernos quieren organizar la innovación y el emprendimiento, en vez de crear la cultura necesaria para que eso sea posible. Nos hemos creído que es una cuestión de edificios, de subvenciones o de organismos. Pero se trata de que haya personas que hagan estas cosas. Leí hace poco algo que la estudiante que sacó el mejor expediente universitario de España hace dos años trabaja en la Junta, en el departamento jurídico de la Consejería de Innovación. Esta joven, que es una persona excepcional, con un expediente impecable, ha editado un libro sobre cómo opositar. Hace poco me contaba Francisco Ferraro [catedrático de Economía] que la hija de una amiga nuestra, que es la mejor estudiante que ha tenido en mucho tiempo, le dijo “voy a preparar oposiciones”.

¿Dónde están nuestras oportunidades, entonces?
–El sector comercial es importantísimo en la sociedad de consumo. El tipo de desarrollo que teníamos previsto para Andalucía no se ha cumplido: Pensábamos que se basaría en las tecnologías de la información y en la industria. Pero tenemos un modelo basado en el aumento del consumo y la construcción. Dos sectores denostados. La construcción, en concreto, está demonizada. Hay una especie de escándalo hipócrita por las comisiones de la construcción. Como si nunca se hubieran comprado voluntades en la industria, los servicios o el turismo.
Fernando Feijoo Salgado
  ¿Y el consumo?
–Al consumo no se le criminaliza, pero se le desprecia. En consumo, el retail [comercio minorista] no se considera que aporte algo a la sociedad. Seguimos con una idea preindustrial: cuando escaseaban los productos, cualquier cosa que se producía se vendía.

Y, sin embargo, el comercio es clave en la economía global.
–Antes, el valor añadido lo daba la industria y hoy lo da el comercio. La industria no aporta valor añadido, es un commodity, y quién aporta valor es el retail. La inteligencia hoy, la capacidad, es vender los productos en un mercado que está
absolutamente saturado de todo y en el que cada día aparecen miles de productos nuevos. Las empresas lo que tenemos es que vender al extranjero con tiendas y cadenas propias y con distribuidores que lleven el control.

Ahora tener distribución propia ¿marca la diferencia?
–Es otro método que ha cambiado. En la revolución industrial, el que producía mandaba en el mercado, porque había escasez de productos. Cuando el mercado se satura, el que manda es el que tiene la cadena de distribución. Y ahora, las cadenas de distribución tradicionales ya no funcionan, porque se distribuye a través de marcas, que tienen una relación directa con el cliente final.

¿Qué papel tiene la publicidad?
–Uno de los elementos que ha cambiado en la sociedad post industrial es que la gente no cree en los anuncios. Y han aparecido nuevos vehículos de comunicación: a mí me parece alucinante cómo funciona Amazon. Me mandan una publicidad personalizada, saben mis gustos y me cuentan las novedades que me interesan. La publicidad clásica es de una sociedad piramidal, donde unos listos dicen lo que hay que comprar. Hoy con internet y la comunicación horizontal, esa publicidad tiene un valor limitado.
¿La baja productividad sigue siendo nuestro talón de Aquiles?
–La economía española ha tenido un desarrollo potentísimo en los últimos años, pero tiene dos talones de Aquiles: la baja productividad y la baja competitividad de sus productos, que se refleja en un déficit de la balanza de pagos in crescendo, que es un récord en el mundo.

¿Cómo podremos corregir estas dos puntos flacos?
–Hay que transmitir a la sociedad que no hay que ser héroes para ser emprendedores. En el jurado de algún premio y he oído decir al representante de la Junta que “el problema de Andalucía es que no hay emprendedores”. Y eso lo
 
desarrollo regional
 

“Pensábamos que se haría con tecnologías de la información e industria y se ha hecho con consumo y construcción”

 
dice un tipo que no ha emprendido en su vida, que está de funcionario y que seguro que está intentando que sus hijos trabajen de funcionarios. Hay dos frases que me sacan de quicio. Una es esa y otra que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas”.

¿Por qué le molesta?
–Porque no tenemos el valor suficiente para hacer que la democracia tenga un nivel de calidad superior. La democracia hoy se puede medir con varios elementos. Sobre esta base estoy promoviendo con algunos amigos un Observatorio de la Calidad Democrática en España. Cada vez es más mala la calidad democrática y no parece que reaccionemos. ¿Ha visto lo que ha pasado con Ciudadanos por Cataluña? Ha conseguido un éxito muy importante y hay que ver cómo le han contestado los partidos al día siguiente.
futuro
  “Antes el valor añadido lo daba la industria y ahora, el comercio. Las empresas tenemos que vender en el extranjero con cadenas propias”  
  ¿Influye que el modelo de partidos sea del siglo XIX?
–Exactamente. Nuestra democracia es la consecuencia de la ansiedad política de la época industrial y en al etapa post industrial están apareciendo otras fórmulas más participativas. Los partidos tradicionales que hacen las cosas que hacen, tienen contados sus días. Creo que tenemos que trabajar para crear una sociedad civil y el Observatorio de la Calidad Democrática será un instrumento en esa tarea.

¿Podrá Europa mantener su Estado del Bienestar?
–No lo sé muy bien. He visto hace unos días que ha habido huelgas y manifestaciones en Francia. Los jóvenes protestan porque no quieren salir al
mercado sin un puesto de trabajo fijo. Tampoco aceptan que se les pueda despedir después de un tiempo determinado. Esto no lleva a ninguna parte. Está bien un modelo social europeo que garantice la educación, la sanidad e unos ingresos mínimos para sobrevivir. Lo demás, tendrán que ganárselo en una sociedad competitiva.

En la que hay que mejorar el sistema democrático.
–Lo que ha sucedido es que los gobiernos controlan con las subvenciones una sociedad poco democrática. Ahora no hay acto público al que no vaya un consejero. Y la gente sale encantada de hablar con él y saludarle. Al final la dependencia con el sector público que tiene todo el mundo es tremenda, y el que no la tiene se la está buscando.