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  el perfil   Un apasionado de Italia
 

 

Jaime de
Arteaga y Martín

 

Empresario agrario
 
Jaime de Arteaga dirige una empresa que factura más de 4 millones de euros al año | Explota 1.100 hectáreas de olivar y hortalizas, con 105 trabajadores fijos | Produce 700 toneladas de aceite de oliva virgen extra, que vende a granel y 100 toneladas embotellado con la marca Hacienda Ípora | Comercializa 8.000 toneladas de hortalizas con la marca Vega Genil | Exporta el 95 por ciento de su producción a países de la UE
 
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Jaime de Arteaga y Martín
Jaime de Arteaga y Martín. /José ÁngelGarcía
 

Jaime de Arteaga (Madrid, 1942) tiene en Italia vestigios de su historia familiar, buena parte de sus pasiones y su formación académica. Es duque de Francavilla y Grande de España.

Hijo del anterior duque del Infantado, descendiente de la familia Mendoza, una de las más poderosas de España en los siglos XV y XVI, decisiva para que la Isabel la Católica ganara la guerra civil castellana que la llevó al trono, esencial en la dirección de los ejércitos que tomaron Granada en 1492 y en la unificación del Estado.

Un pariente de sus ancestros, el cardenal Albornoz, fundó el Colegio Español de Bolonia en 1364. Nombre establecido siglo y medio antes de que España fuese una realidad jurídico-política. El patrocinador del Colegio era de la rama de los Marqueses de Ariza, título que tenía el padre de Jaime de Arteaga y ahora su hermano, patrono de sangre de esta institución, que ha formado a gran parte de las élites españolas durante seis siglos y medio.

Allí se doctoró en Ciencias Agrarias en 1965 y coincidió con Guillermo Jiménez, vicepresidente del Tribunal Constitucional, y con Matías Cortés, Javier Lasarte o Fernando Pérez Royo, catedráticos de Derecho Financiero y Tributario.

 
En Italia también están algunos de sus paisajes predilectos, como la gran Florencia o la pequeña San Gimignano, ambas en la Toscana, región de la que fue gobernador el primer duque de Francavilla, virrey de Nápoles con Carlos V: su hija, Ana de Mendoza, legendaria por su carácter, belleza y parche en el ojo derecho, se casó con el valido de Felipe II, Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli.

A pesar de su nacimiento en Madrid, del peso de sus ancestros y su formación italiana, Jaime de Artega se siente profundamente sevillano. Es un ejemplo perfecto del cambio copernicano producido en Andalucía entre las dos últimas generaciones: aristócratas terratenientes devenidos en empresarios innovadores.

Heredó la pasión por el campo de su padre, Iñigo de Arteaga, militar que fue capitán general de Baleares y Sevilla, y miembro del Consejo Privado de don Juan de Borbón. Con 25 años se hizo cargo de unas 18.000 hectáreas de cultivo de su familia, que modernizó con esmero.

Está casado con Carmen Maestre, con la que tiene tres hijas y dos hijos: Ana Rosa, licenciada en Derecho; Carmen y Jaime, economistas; Blanca, que acaba de terminar Empresariales, y Carlos, cuya afición a la agricultura le apunta como continuador de su padre. Aunque en materia empresarial ha sido muy moderno, en el capítulo nobiliario es un clásico: Francavilla defiende el método tradicional de herencia de los títulos a los varones mayores.

Una parte de su espíritu emprendedor le viene de su abuelo, Joaquín de Arteaga, marqués de Santillana y XVII duque del Infantado, que fue diputado y senador durante el reinado de Alfonso XIII y creó una sociedad que empezó abastecer de agua a los barrios del norte de Madrid a principios del siglo XX. Jaime de Arteaga es aficionado al esquí, el golf y la caza. Y buen catador de paellas y potajes.

Es admirador de Marcel Proust y Alberto Moravia. Italia siempre sale en sus pasiones. Su música favorita es el barroco de Corelli, Tartini o Vivaldi, en todas las estaciones...