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Tomás Aránguez
Toledano
 

 

Presidente
de covap
 
Tomás Aránguez preside, desde 1994, una cooperativa industrial ganadera que facturó el año pasado 240 millones de euros | Produce 200 millones de litros de leche anuales, 7.800 toneladas de productos del cerdo, 4.200 de terneros y 2.100 de corderos | Tiene 500 trabajadores | Exporta principalmente a Francia, Alemania, Italia, Finlandia, Grecia, Rusia y Japón | Tiene tiendas en Pozoblanco, Córdoba, Málaga y Madrid
 
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“Europa se está quedando fuera de juego con la globalización”  
 
 
Tomás Aránguez se incorporó como director general a COVAP en enero del año 87. Se cumplen ahora, exactamente, 20 años.
Esta es una de las comarcas con más personalidad de Andalucía.
–La gente dice: de dónde eres, de los Pedroches. Evidentemente luego hay mucho localismo, mucha rivalidad entre los pueblos, pero el sentimiento de Pedroches está.

¿Y cuántos cooperativistas?
–La cooperativa tiene 15.000 socios, con diferentes grados de adhesión. La mitad son socios colaboradores, que tienen un status especial; sólo retiran suministros y su participación en el voto es el 1 por ciento del resto de los socios.
 
El empresario, durante la entrevista, en la sede central de COVAP en Pozoblanco
  El empresario, durante la entrevista, en la sede central de COVAP en Pozoblanco.
Fotos: Sánchez Ruiz
 

¿Qué producen sus socios?
–Hay ganaderos que tienen vacuno de leche; otros, cerdos ibéricos. Los hay con vacuno de carne, ovino de carne, ovejas o cabras de leche.

¿Y quiénes sus clientes?
–Trabajamos con todas las cadenas de distribución. Particularmente con Mercadona, en el tema lácteo, somos interproveedores. En Andalucía, con los lácteos, es donde más presentes estamos y luego tenemos un mercado grande para ibéricos en Cataluña, Madrid y País Vasco.

¿Y perspectivas de crecimiento?
–Tenemos una sociedad conjunta con la cooperativa vasca Iparlat, interproveedor también de Mercadona, que va a construir plantas en Galicia y Cantabria; allí queremos hacer un proyecto muy ambicioso para el que habrá que investigar y desarrollar nuevos productos. El centro de I+D estará Pozoblanco.

¿Y en los otros sectores?
–Estamos ya poniendo en marcha aquí, una planta para precocinados con la que queremos empezar este semestre. Pretendemos hacer una gama amplia. No podemos estar dando sólo carne al consumidor; tenemos que hacer platos preparados que lleven componentes que no sean de la cooperativa, como verduras, patatas, pescados o pastas.

¿Cómo explicaría la reforma de la sociedad, que propuso a sus socios en noviembre, sin éxito?
–Se ha pretendido que todo lo relacionado con la producción se quedase en la cooperativa y que todo lo que es industrialización y comercialización, que afecta a unos mil socios, que son los que entregan productos en la cooperativa, llevarlo a una sociedad anónima.

¿Qué sería de quién?
–De la propia cooperativa por un lado, con un 25 por ciento, y de los socios con un 75 por ciento. O sea, todos los socios de la cooperativa serían a su vez accionistas de la sociedad anónima.

andalucÍa
  “Hay 600 cooperativas agroalimentarias y no debería haber más de diez. Y la líder debería facturar más de 3.000 millones de euros”  
  ¿Todos los socios, incluidos los que no entregan?
–Exactamente. Porque sus aportaciones al capital social se les convertirían en acciones de la sociedad anónima. Cada uno tendría un número de acciones en proporción al trabajo que haya desarrollado. Entendemos que, para el futuro, la fórmula de la sociedad anónima es la más adecuada. Y en ningún caso se cierra la puerta ni a la cooperativa ni a la sociedad anónima a nadie.

El resultado fue insuficiente.
–El respaldo fue mayoritario, cercano al 56 por ciento a favor, pero se precisaba el 60 por ciento. Ahora el consejo rector ha decidido plantear el tema de la sociedad anónima de nuevo. Tratando de corregir aquellas cosas que hayan podido hacerse mal y dando una información lo más completa posible a los socios.
Precisamente, las grandes cooperativas agroalimentarias andaluzas aspiran a ganar dimensión con sociedades conjuntas.
–No tiene sentido que en Andalucía existan unas 600 cooperativas agroalimentarias. Hay pueblos en los que hay tres o cuatro, que hacen prácticamente las mismas cosas. Y son, en muchos casos, simplemente almacenistas de productos que entregan los socios. Debemos tener otras miras. En la medida en que seamos capaces de darle valor añadido a las producciones que nos entregan los cooperativistas, estaremos beneficiándolos a ellos, crearemos empleo para sus hijos y sus familias y, sobre todo, estaremos desarrollando también las comarcas.

Ustedes ya lo hacen.
-Sí, pero yo digo muchas veces que hay mil socios que entregan productos en la cooperativa, hay otros que entregan los cochinos para que los sacrifiquen en Guijuelo, o los corderos los venden en Valencia, o los terneros los venden para que los engorden en Castilla La Mancha. Y estos socios no están contribuyendo al desarrollo de la comarca. Porque no están generando actividad, ni creando empleo aquí.

En Andalucía no tenemos grandes cooperativas. La facturación de Hojiblanca o ustedes es ridícula en el ranking europeo.
–La media de facturación de las cooperativas danesas, es de 600 millones de euros. Pero hay cooperativas que están facturando 6.000 millones. Un billón de pesetas. Esas cooperativas se puedan plantear hacer nuevas inversiones, tener equipos comerciales o proyectos de I+D potentes y poder estar en los mercados mundiales. En España las cooperativas tenemos tal arraigo no digo provinciano, sino local, que es muy difícil llegar a acuerdos con la cooperativa que tenemos al lado, del mismo pueblo.

Y Andalucía es muy localista.
–En general sí y con planteamientos localistas es difícil llegar a acuerdos. El consumidor lo que quiere es tener un producto próximo a su casa, de buena calidad, con seguridad alimentaria, y que se lo que ofrezcan el año que viene con otra presencia o con algún añadido que le permita disfrutar de algo distinto. Un buen servicio y a buen precio, porque nadie está dispuesto a gastarse mucho en alimentación. Las necesidades familiares van por otros conceptos que son la vivienda, el coche, el ocio, el turismo, la educación de los hijos, la ropa, alternar con los amigos. Y en la alimentación cada vez se gasta menos dinero.
Tomás Aránguez Toledano
  Hay en marcha conversaciones de grandes cooperativas andaluzas para proyectos conjuntos.
–Somos Agro Sevilla, Hojiblanca y nosotros. De momento no hay nada. Hemos encargado un estudio para que nos ofrezca alternativas, pero la decisión la tomaremos nosotros. En Andalucía no debería haber más de 10 cooperativas de industrias agroalimentarias. Y la líder debería tener una facturación superior a los 3.000 millones de euros.

¿Y eso le permitiría ser competitiva en Europa y en los mercados internacionales?
–En los próximos años el gran desarrollo del consumo va a estar en Asia, Iberoamérica y en un futuro más lejano, en África. Tenemos que trabajar con ellos y producir allí.

¿La experiencia de COVAP, es exportable?
–Tenemos peticiones de grupos que quieren que les ayudemos. Inicialmente, la relación se limitaría a aportar know how a grupos de África e Iberóamérica.

En sentido contrario. ¿Ha implantado en su empresa cosas aprendidas en el extranjero?
–En Israel conocimos el sistema de mezclas de alimentación animal que llamamos el catering y lo implantamos aquí. Incluye todo lo que necesitan los animales, como si fuese una pizza. Así el animal no puede seleccionar, esto me gusta más y aparto esto otro, porque tendría una alimentación desequilibrada.
El conflicto árabe israelí es más complicado que la conversión de COVAP en sociedad anónima.
–Se ha creado una situación de pegar y contrapegar, por parte de unos y otros, que es muy mala. Gran parte del movimiento que hay contra de Israel, va contra todo lo que significa el mundo occidental. Hay que respetar la evolución que ha habido en Occidente, que tiene hoy unas cotas de desarrollo que a todos nos gustaría que consiguieran los países árabes. Pero tampoco las respuestas de Israel son justificadas. Este es el conflicto más grave que hay en el mundo y no veo fácil resolverlo, porque los fundamentalismos religiosos coartan mucho el desarrollo civil. Cuando en Europa se ha separado la Iglesia del Estado, la sociedad civil ha alcanzado unas cotas de bienestar importantes. Cuando ha estado muy mezclada la religión con la sociedad, se ha retrasado en muchos aspectos el desarrollo de la sociedad civil.

Esta civilización lleva siglos de ventaja a la otra.
–Toda la Edad Media en Europa fue un disparate. Desde que desparece el Imperio Romano no empieza a haber algo más de desarrollo hasta que no llega el Renacimiento. Se construyen muchas catedrales y lo que sea, pero la sociedad vivió con muchísima penuria y miseria. Mucha gente vivió mal para que unos pocos pudieran vivir aún mejor. Y quizá esto es lo que está pasando ahora en el mundo árabe.

Ahora que habla de la penuria, ¿la globalización está mejorando la condición económica de los más desfavorecidos?
-La globalización es buena. Probablemente tenga desajustes, pero países con menor índice de desarrollo, como China, India o algunos iberoamericanos, están teniendo unos crecimientos cada vez más importantes. Donde está habiendo problemas serios es en Europa; a mí me parece que la UE está quedándose fuera de juego.
¿Por qué?
–Yo lo achaco a que no hay líderes ni estatales ni comunitarios. Ahora cada país hace lo que cree más conveniente para sus intereses y esto no es un proceso de integración. Lo único que tenemos es una política común agraria cada vez menos consistente, y una política monetaria. Y no veo países que tengan prestigio y predicamento para conducir a los demás, como antes lo hacían Francia y Alemania. Estamos ya con 27 países y esto es una torre de Babel en la que debería haber un solo idioma de trabajo.
 
espaÑa
 

“Es imprescindible que tengamos energía nuclear. Aquí no la podemos producir, pero la importamos de Francia”

 
¿Pero su decepción con Europa no será sólo por los problemas de comunicación?
–Esta es una sociedad con muchos privilegios, que se han ido consiguiendo y nadie está dispuesto a renunciar a ellos. Y hay sociedades como la iberoamericana, la china o la india que tienen unos planteamientos más competitivos. Producimos más caro y peor, y los demás nos irán copando mercados. Los movimientos medioambientales también están coartando el desarrollo y planteando posturas intransigentes con la biogenética, mientras el resto de los países van avanzando en ese campo.

¿Se refiere a los transgénicos?
–Los transgénicos han ocurrido a lo largo de toda la historia. Los trigos que cultivaban los árabes y los que cultivamos aquí hace 40 años no se parecían. La propia naturaleza va provocando cambios. Habrá que vigilar todo el proceso, pero no se puede estar en contra del desarrollo.

¿Europa se ha quedado antigua?
–Sí, y España, también. El hecho de que aquí no podamos tener producción de energía eléctrica nuclear y que la estemos importando de Francia es un contrasentido tremendo.

¿Es partidario de la energía nuclear?
–Creo que es imprescindible.

Ha habido una polémica el año pasado por la opa de Gas Natural sobre Endesa y la segunda oferta que hizo la alemana E.ON.
–Es lo mismo que hablábamos del mundo cooperativo: localismos. Nadie tiene fe en el proyecto europeo. Si se tuviera fe, no se pondrían trabas a la creación de empresas de cierta magnitud. Eso, en Estados Unidos es impensable. A lo mejor, los ciudadanos estaríamos dispuestos a llevar adelante proyectos de mayor envergadura, el problema es que los políticos acabarían perdiendo cuotas de poder. Si verdaderamente creemos en Europa, vamos a crear empresas de tamaño europeo y a permitir lo que está recogido en los Tratados, la libre circulación de personas, de capitales, de empresas, de productos y de servicios.