Mañana, el Sevilla cierra un círculo tan perfecto como el que traza el logotipo de la izquierda. Un círculo histórico, de leyenda, y cuajado de estrellas. Porque ese círculo no estaba cerrado mientras este equipazo no compitiera en el torneo de clubes de más alto rango en el planeta fútbol, la Liga de Campeones. El club de Nervión trajo un primer título europeo en mayo de 2006, un segundo entorchado continental en agosto de ese año y un tercero y último hace cuatro meses.
Pero, dos Copas de la UEFA y una Supercopa de Europa después, aún faltaba la gran prueba para calibrar la grandeza de la tropa que adiestra Juande Ramos. Era un pero mayúsculo, una deuda que por fin se saldará. Muchos observadores han venido recordando durante este bienio glorioso que la gran vara de medir estaba más arriba, que la dimensión de este Sevilla contemporáneo no se sabría mientras no enfilara la selectiva senda de la Champions. Es hora de que lo haga. Y si es justo reconocer que al club blanco le faltaba la Liga de Campeones, no lo es menos afirmar que también a la Liga de Campeones le faltaba el Sevilla.
El gran ausente. Durante la pasada temporada, una opinión generalizada recorría los cenáculos del fútbol nacional y europeo: a los campeones de la Copa de la UEFA se les había quedado pequeña la competición en la que defendieron con éxito el título. Entrenadores reputados como Cruyff o Wenger reconocían que el juego del Sevilla estaba a la altura de los mejores del Viejo Continente. A Cesc se le preguntaba si seguía la Liga desde la distancia y el joven y genial centrocampista del Arsenal reconocía que se divertía mucho viendo jugar a este emergente equipo. Durante la pasada temporada se multiplicaron los elogios de gente imparcial, que está lejos de dejarse llevar por el corazón. Pero la coletilla era inevitable: al Sevilla le faltaba competir con los grandes de verdad. Con su tercer puesto en la pasada Liga, después de morar en zona Champions las 38 jornadas, se ganó un hueco en la fase previa. Allí barrió al AEK de Lorenzo Serra y de Rivaldo y por fin afronta el examen de los exámenes.
Debut pomposo. El ingreso del Sevilla Fútbol Club en la Champions League estará a la altura del reconocimiento que merecía su reciente trayectoria. Será en el lujoso Emirates Stadium, el impresionante coliseo rojo en el que el Arsenal trata de sobrellevar la nostalgia por Highbury. Allí escuchará por primera vez el himno de la Champions. Pero no parece que el equipo de Nervión se deje llevar por el papanatismo. El Arsenal es un clásico de Europa, sí, pero los sevillistas tienen todo el derecho a mirar de tú a tú y sin el mínimo complejo a los londinenses. Entre otras cosas, porque los de Nervión ya lucen en sus vitrinas más entorchados europeos que los ingleses: tres por dos.
Rival de fuste. Debe el Sevilla competir sin miedo, pero con el más sincero respeto. Este Arsenal no es el Arsenal de Henry que fue subcampeón europeo hace dos años, en aquella final que perdió ante el Barcelona en París, pero sigue atesorando una plantilla muy competitiva, con peloteros que serían titulares en cualquier equipo de la Liga, como Cesc o Rosicky, y otros jugadores de primer nivel internacional como el portero Lehmann, los defensas Toure, Senderos o Gallas, los medios Gilberto Silva o Hleb, el extremo Van Persie y el punta Adebayor.
Ingleses y españoles son favoritos en el Grupo H de esta primera fase de la competición y la lógica dicta que entre ellos se jugarán el primer puesto del grupo. Los otros dos equipos, el Steaua de Bucarest y el Slavia de Praga, aparecen con un potencial inferior a ambos. Los sevillistas, que ya afrontaban el sorteo del mes de agosto con la ventaja de figurar en el bombo 2 gracias a su coeficiente, también se vieron agraciados por la fortuna cuando supieron el cabeza de serie que les había caído en suerte -el Arsenal era el más apetecible- y luego salieron dos de las bolas más deseadas de los bombos 3 y 4. Los octavos de final están más cerca del Sevilla desde el sorteo. Pero son tantas y tantas las ocasiones en que el fútbol ha tumbado los pronósticos, que bien haría el Sevilla en afrontar con la necesaria humildad su estreno en la Champions.
Obligado respeto. De momento, conviene recordar que el Steaua goza de una dilatada experiencia en la Liga de Campeones y que es la base de la selección rumana. El Sevilla ya tumbó a los rumanos con comodidad en los dieciseisavos de final de la pasada Copa de la UEFA. El Slavia de Praga, por su parte, comparte con los sevillistas la condición de debutante en esta máxima competición continental. Virtudes no le deben faltar cuando es capaz de eliminar a todo un clásico como el Ajax en la fase previa.
El calendario guarda alguna trampa para el Sevilla. La primera, el hecho de debutar con el partido a priori más complicado, con el Arsenal y además a domicilio, con lo importante que suele ser empezar la liguilla con buen pie. Otro contratiempo puede ser jugar en Bucarest en la cuarta jornada el 7 de noviembre y en Praga en la sexta y última, ya el 12 de diciembre. Dos viajes que pueden registrar condiciones climatológicas adversas.
Con tablas. Frente a su inexperiencia en la Liga de Campeones, el Sevilla debe oponer su reciente fiabilidad en eliminatorias con una exigencia también considerable, como ese pulso con el Schalke 04 en las semifinales de la UEFA 2006 o ante el Shakhtar y el Tottenham en la pasada edición, por no hablar de las dos finales ganadas. El Sevilla ha forjado su carácter, tiene tablas y hechuras. Y también una plantilla más rematada que en estos dos años anteriores. La llegada de De Sanctis, Boulahrouz, Keita o Kone, futbolistas todos que ya han jugado en Champions, más la del colombiano Mosquera y el belga De Mul, debe ampliar el abanico para que Juande rote aún mejor. En la capacidad de los sevillistas para sobrellevar Liga, Copa y Champions y no dejarse seducir demasiado por la golosa competición continental, estará la clave del éxito esta temporada.
Otros grupos. Al margen de ese grupo H, los focos de atención se multiplican. Como en los últimos años, los grandes favoritos para la Champions residen en Inglaterra y España. A pesar de que el campeón es el Milan, de nuevo el Barcelona y el Chelsea son los mejor colocados en las apuestas, con Real Madrid, Manchester United y los milanistas casi a la par. Los barcelonistas jugarán en el Grupo E ante el Olympique de Lyon, el Stuttgart y el Glasgow Rangers. De nuevo, un grupo para no descuidarse, con el campeón francés, el alemán y un clásico como son los protestantes de Glasgow.
El Real Madrid, como también viene siendo habitual, ha tenido más fortuna que su gran rival azulgrana en esta fase inicial, y tendrá como compañeros de viaje en el Grupo C al Olympiacos griego, el Werder Bremen alemán y una Lazio italiana venida a menos por su crisis económica. Los merengues deben ser primeros de grupo.
Espinoso. El cuarto y último equipo español es uno que ha sabido aprovechar la Champions para crecer a todos los niveles, ese Valencia que jugó las finales de 2000 y 2001 y que el año pasado sucumbió en cuartos de final ante el poderío físico del Chelsea. Los levantinos tuvieron más suerte en la fase previa de la competición, donde se deshicieron sin problemas del Elfsborg sueco, que en esta fase. Encuadrados en el Grupo B, los valencianistas tendrán que apretar los dientes ante sus verdugos de la pasada temporada, ese grandilocuente Chelsea, más el Schalke 04 germano, que dejó escapar la Bundesliga al final. El Rosenborg será el convidado de piedra ante españoles, ingleses y alemanes.
Nombres propios. Empieza la Champions, donde las estrellas anhelan su brillo. Ronaldinho, Kaká, Cristiano Ronaldo, Robinho, Drogba, Ibrahimovic, Villa, Messi, Casillas, Gerrard, Lampard, Henry, Rooney, Eto'o, Deco, Ronaldo, Vieira, Sergio Ramos, Juninho Pernambucano, Van Nistelrooy y muchos más tratarán de ser protagonistas, porque saben que no hay mejor caja de resonancia en el planeta fútbol que esta competición en la que llueven los millones de euros como por castigo.
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Ha logrado dos saltos de categoría, varias liguillas de ascenso y rechazó ofertas de clubes de Segunda como el Cádiz y el Xerez. En su etapa de futbolista consiguió un hito al ser el que más partidos de Primera ha jugado en la historia del Sevilla (352).