Dentro de los rivales que le podían caer en suerte al Sevilla del primer bombo, la bola del Arsenal fue bien acogida en el seno del club nervionense. En estos momentos, y pese a mantener a algunos de los jugadores que han llevado al equipo de Londres a cosechar grandes éxitos en la última década, el conjunto que dirige Arsene Wenger no es aquella maquinar de ganar casi invencible. La marcha de Henry, su gran estrella, ha dejado paso a la nueva generación encabezada por el español Cesc. Jugadores como Van Persie, Senderos, Eboue o Walcott son el presente y el futuro de la entidad. Con el francés Wenger en el banquillo desde 1996, los gunners han llevado a sus vitrinas tres títulos de la Premier League y cuatro FA Cup, habiendo hecho doblete en los años 98 y 2002.
La gran asignatura pendiente del Arsenal sigue siendo la de hacerse un club respetable cuando sale de las islas para enfrentarse a equipos del Viejo Continente. Sólo una extinta Recopa de Europa en 1994 y una Copa de Ferias en el 70 figuran en el palmarés europeo de esta entidad del norte de la capital inglesa. En la Liga de Campeones, la única competición que ha puesto en duda la capacidad de Wenger al frente del Arsenal, la barrera de los cuartos de final parecía una maldición insalvable. Hace dos temporadas, Wenger logró clasificar al Arsenal para una final de Champions. Pero se cruzó en su camino el Barcelona del mejor Ronaldinho y del mejor Eto'o, y de la suerte en aquel inolvidable gol de Belletti a Manuel Almunia en los últimos minutos.
El Arsenal Football Club se fundó en 1886 en Woolwich, en el sudeste de Londres. Fue el primer equipo de esa zona de la capital en jugar en la Liga de fútbol. En 1913, el Woolwich Arsenal descendió a la Segunda División, año en el que cambió su ubicación hacia Highbury, en el norte de Londres, y cambió su nombre por el de The Arsenal. La década de los 30 fue muy productiva en cuanto a cantidad de títulos. Pero llegó la II Guerra Mundial y todo cambió. La liga inglesa se siguió disputando, y el Arsenal tuvo que jugar en casa de su máximo rival en la ciudad, el Tottenham Hotspur, ya que una bomba había caído en la tribuna norte de su estadio. Como agradecimiento, los gunners obsequiaron a sus vecinos con un cañón, emblema que aparece en el escudo del club.
Mucho tuvieron que esperar los seguidores para otra época de triunfos. En 1994 llegó la Recopa, pero no sería hasta la llegada de Wenger cuando el club se instaló en la élite. Con un juego totalmente diferente al típico inglés, basado en la posesión de la pelota y en el toque, los londinenses han ido acumulando títulos sin descanso.