Cariacontecido, con semblante serio y tocado según desprendía su discurso. Así compareció Manolo Jiménez tras la derrota del Sevilla en Estambul. Pero, es optimista para la vuelta. En su análisis, comentó que “sacamos una alineación para intentar ganar, apostamos por la victoria ante un equipo potente y peligroso, sobre todo en la estrategia. El gol en contra en el minuto 85 nos ha hecho mucho daño; antes de que eso ocurriera todos apostábamos más por el 2-3 que por el 3-2. Este resultado nos obliga a marcar y a ganar el partido para pasar”.
Jiménez abundó en la idea de que su equipo mereció el triunfo:“Estaba siendo un partido en el que ves que tu equipo puede marcar el gol de la victoria, en el que no quisimos quitar a ningún efectivo ofensivo y resulta que con el tiempo casi finiquitado, con Renato y Maresca en la banda para salir al campo, nos hicieron el tercero. El riesgo a veces se paga caro y sólo nos sentimos mal por no haber matado el partido”.
“Si hubiéramos sido inferiores, estaría satisfecho por haber marcado dos goles fuera, pero no habiéndolo sido, creo que merecíamos mejor suerte”, apuntó Jiménez; “veo la eliminatoria muy disputada y favorable al Fenerbahçe porque necesitamos ganar. Tienen un gran equipo, disciplinado y con experiencia”. Decidió dejar a Capel en el banquillo al inicio porque “preferimos cambiar al principio la velocidad de Diego por el control de Duda. Era arriesgado y sacamos a Capel cuando creíamos que la victoria iba a caer de nuestro lado”.
Jiménez reconoció que los jugadores se vinieron abajo con el tercer gol en contra porque “todos pensábamos que el partido podía ser nuestro. Nos faltó en esa jugada un poco más de coordinación para frenar el contragolpe. En una jugada desgraciada, con rebote incluido, el balón ha acabado en las mallas, pero me quedo con que hemos ido a por el partido en todo momento. Estoy seguro de que la Bombonera de Nervión va a rendir como siempre lo ha hecho, eso está clarísimo”.
Más preocupante es la reaparición de la psicosis a lo balones aéreos. Siempre hay algún jugador que estorba a Palop; siempre hay un contrario que remata solo; y un defensor que se queda clavado en el suelo en vez de saltar al despeje, un talón de Aquiles que conocen bien los contrarios para sacar el máximo provecho de las jugadas a balón parado. Pero si la prensa madrileña confía ciegamente en la remontada con un 2-1 en contra ante la Roma, con un 3-2 frente al Fenerbahçe no se hará menos aquí, en Sevilla, en Nervión, donde aún se recuerda un gol salvador de Makukula que empataba la eliminatoria con el Panathinaikos en el minuto 82, antes de que Adriano, en el 92, hiciese saltar en una explosión de júbilo La Bombonera hispalense.
Nervión, y no el Sükrü Saraçoglu, sí que será un infierno en una noche de Champions en la que, como si de una cruzada se tratase, los hispalenses tendrán que salir al ataque como nunca, pero con el apoyo de los suyos de siempre. De fieles incondicionales que harán conocer a los turcos el infierno.
El técnico de Arahal entra en el vestuario con la bandera de la ilusión y el crédito de siete exitosas temporadas en el filial, al que cogió en Tercera de la mano de Caparrós. En el banquillo es sinónimo de trabajo y tiene una gran capacidad para modelar futbolistas y hacerlos competitivos.
Ha logrado dos saltos de categoría, varias liguillas de ascenso y rechazó ofertas de clubes de Segunda como el Cádiz y el Xerez. En su etapa de futbolista consiguió un hito al ser el que más partidos de Primera ha jugado en la historia del Sevilla (352).