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Ya tiene un siglo |
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| El Betis celebra sus cien aÑos de vida recordando una historia en la que los dientes de sierra se mostraron muy acentuados, como acumulando cimas y simas |
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LUIS CARLOS PERIS |
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Del manque pierda al muchobetis pasando por Currobetis o por el muy fatalista así es y así hay que quererlo, cien años contemplan la vida del Betis en este 12 de septiembre del año de gracia de 2007. Cien años de dientes de sierra muy definidos para lo malo en más ocasiones de las debidas y gozosamente agudos en otras indeleblemente grabadas en el corazón de esos que siguen un sentimiento llamado beticismo.
Cumple hoy el siglo de vida un Real Betis Balompié que, por ejemplo, tiene el título regio seis años antes de que Alfonso XIII decidiese hacer lo mismo con el Madrid. Un siglo de vida que arranca en la calle Cervantes, en la Escuela Politécnica, situada a tiro de piedra de la parroquia de San Andrés, bajo el nombre de Sevilla Balompié para diferenciarlo del Sevilla Football Club, nacido dos años antes en un bar de la calle Sierpes. |
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Iríbar y Esnaola se cruzan en la tanda de penaltis |
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Archisabido es que en 1909 se produce una escisión en el Football Club bajo el nombre de Betis F.C., una sociedad que no tendrá la fuerza de los ya existentes, pero que en 1914, y gracias a los buenos oficios de don Pedro Rodríguez de la Borbolla, recibe el título de Real. Eso ya da pie para que los esfuerzos para fusionarse con el Balompié fructifiquen y a finales de ese año se da con el nombre definitivo de Real Betis Balompié, Balompié y no Football Club como pretendían los partidarios de los anglicismos imperantes en el pujante juego creado por los ingleses.
Y entre Copas de Sevilla y de Andalucía van discurriendo los años, el Betis le da dos satisfacciones casi seguidas a sus seguidores al ganarle al Sevilla la Copa Spencer y, dos años después, inaugurando con triunfo el campo de Nervión. Son dos hitos claves en el discurrir del Betis antes de que se creen los campeonatos nacionales. En éstos tiene el privilegio de disputar una final de Copa de España antes de su ascenso a Primera División.
En junio de 1931 se enfrenta al Athletic Club en Chamartín y lo hace sin el título de Real, ya que la República ha advenido el 14 de abril anterior. El Betis, un equipo de secano, va a encontrarse con el inconveniente de los elementos meteorológicos que jugarán abiertamente a favor de los vascos, esos leones de San Mamés de indudable predicamento en el concierto nacional.
En 1932, el Betis se confirma como el primer equipo de más debajo de Despeñaperros que milita en Primera División, va moldeando un gran equipo y en la 34-35 gana la Liga en el último partido merced a un concluyente 0-5 en Santander. Y lo hace con una alineación que se recita de corrido por todos los rincones de la Sevilla verde, blanca y verde. Son Urquiaga; Areso, Aedo; Peral, Gómez Larrinoa; Timimi, Adolfo, Unamuno, Lecue y Saro.
Ya se considera la arena del Patronato tierra sagrada para los béticos y el trascendental gol de Timimi al gran Ricardo Zamora en la tarde grande del 17 de febrero de 1935 se adoba por los béticos viejos con la anécdota elevada a realidad de la gran bronca del mítico portero a Ciriaco y Quincoces, su pareja de defensas, por haber dejado sin la vigilancia debida al rapidísimo extremo canario. El 28 de abril se confirma el éxito en Santander y la vuelta a Sevilla es el primer baño de masas por culpa del fútbol que se da en esta ciudad.
El futuro ya no es halagüeño, sobre todo por las consecuencias de la Guerra Civil. El Betis, que ha vendido antes de que estalle el conflicto a la pareja de defensas y a Lecue, se traslada del Patronato al estadio que se había construido en Heliópolis para la Exposición Iberoamericana del 29. El flamante recinto bético, de propiedad municipal, es destrozado durante el gran conflicto y las penurias no han hecho más que empezar.
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Rogelio en Carranza el último partido de su vida, 12 febrero 1978 |
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Por delante queda una década ominosa en la que el que fuera primer sureño campeón liguero va a ir dando tumbos hasta dar con sus huesos en Tercera División. Y en esos sótanos del fútbol nacional está el Betis durante siete temporadas, justo hasta la 53-54 en que sale del pozo con el coriano Manuel Ruiz en la presidencia y José Gómez, el medio centro del equipo que ganó la Liga, como entrenador. En este curso se da un hecho fundamental y es el fichaje de Sabino Barinaga al poco de comenzar el campeonato. Viene el ex madridista de la mano de un gran bético, el capitán general de la II Región Militar, don Eduardo Sáenz de Buruaga. Cuadrándose ante su jefe en la milicia, Barinaga dice con solemnidad: “Mi general, aquí venimos a ascender al Betis”.
Y el Betis ascendió a Segunda División, pero ya está la Primera en el horizonte como lugar natural donde ha de vivir el Betis. Surge un futbolista excepcional en esa temporada 54-55 y es Luis del Sol. Al poco, otra vez oficiando de bético Sáenz de Buruaga, llega al club un hombre que va a ser santo y seña en capítulos muy brillantes de la historia del Betis, un gallego casado con una loreña que se llama Benito Villamarín Prieto.
Villamarín se pone manos a la obra para el ascenso a Primera, Del Sol ya es internacional B, algo insólito en un futbolista de Segunda, y el Sevilla está a años luz. Con Sánchez Pizjuán en la presidencia y Helenio Herrera en el banquillo, el equipo es tan bueno que el campo de Nervión va quedando insuficiente, por lo que se aceleran los trámites para levantar un gran estadio junto al actual. Pero un domingo de octubre de 1956 amanece muerto en su domicilio de Álvarez Quintero el gran prócer. Ante el cadáver aún caliente se jura que el estadio, el sueño de Ramón, será una realidad. |
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¿Y qué tiene que ver esto con la vida del Betis? Pues que el campo del Sevilla se levanta y que el Betis consigue su sueño, el de volver a la categoría máxima en 1958. Ya está el Betis en Primera y, las cosas de esa vida a la que aludimos más arriba, depara la sorpresa de que el primer partido oficial que se juegue en el nuevo Nervión sea con el Real Betis Balompié como visitante.
Es 21 de septiembre, segunda jornada de Liga, el Betis ha debutado con el Granada en Heliópolis ganando con dos goles de Kuzsmann, uno de los muchos húngaros que aterrizaron en nuestro fútbol emigrados tras las revueltas de Budapest contra la bota soviética. Y ese domingo de septiembre gana el Betis igual que hiciese cuando el estreno del otro Nervión. 2-4, el primer gol oficial en ese estadio lo hace Del Sol en la portería Sur y los béticos salen convencidos Dato abajo de que la travesía del desierto ha concluido.
Con Villamarín adquiere el Betis la solvencia que rara vez había tenido y, aun con tres incursiones más por Segunda, su diente más puntiagudo se da el 25 de junio de 1977 con la primera Copa del Rey. Nace el Eurobetis y del fatalista manque pierda se pasa a lo del Currobetis, un concepto que aúna arte y fracaso en una sola palabra. Y así va transcurriendo la vida del Betis, entre pinceladas que se quedan en el recuerdo y espantás tremendas, como la de aquella noche tinerfeña en que un panzer panameño llamado Rommel Fernández le destrozó la línea de flotación.
Tiempos convulsos acaecieron tras aquella hecatombe junto al Teide. Retamero hubo de abandonar casi con nocturnidad, llegó Galera y un puñado de revanchistas que no arreglaron nada y que en plena huida hacia delante metieron en el club a un hombre de indudable calado en la historia contemporánea del Real Betis Balompié, Manuel Ruiz de Lopera y Ávalo. 30 de junio del 92, ya es sociedad anónima deportiva, Lopera, ¿hace falta recordar estos capítulos? ¿Sí? Bueno, pues a partir de ahí, de ese 1992, el Betis fue sacado del apuro por Manuel Ruiz de Lopera, pero en lo deportivo tardó en dar con la tecla adecuada. Estaba en Segunda y ahí seguía cuando el 28 de febrero de 1994 llegó al banquillo de Heliópolis un balear con bigote llamado Lorenzo Serra Ferrer. El hombre tenía sólo 12 partidos por delante y ganó 22 puntos, 22 de los 24 en liza, por lo que el Betis volvía a Primera para, seguro que sí, protagonizar unos años muy brillantes con una 94-95 excepcional, unos clarinazos espectaculares en Europa y una final dolorosamente perdida con el Barcelona la noche triste del 28 de junio de 1997.
Se fue Serra al Barça, llegó al Betis Luis Aragonés, que se fue una noche de pretemporada chiclanera como del rayo, y pasó un rosario de entrenadores que no sólo no hacían olvidar a Serra, sino que un año que empezó en Griguol, siguió en Hiddink y acabó en Hadzibegic, el equipo se iba otra vez a Segunda. A la misma vez, unos meses antes, uno de enero, Lopera y el cardenal Amigo Vallejo inauguraban a bombo e hisopazos un platillo volante que continúa inacabado siete años después.
El Betis volvió a Primera, hizo una gran campaña con Juande para volver a Europa, vivió dos años insustanciales con Víctor Fernández, recobró el honor con Serra hasta ganar otra Copa del Rey y debuta en Champions, pero el divorcio incomprensible entre dueño y entrenador era cada vez más latente y un año después de ganar la Copa y de haber metido al equipo en Champions, Serra se iba sin que desde el club se dignasen despedirle. Lo que ha pasado después está tan fresco, es tan reciente y tan opaco que para qué. Ya tiene un siglo el Betis y con eso, ¿para qué más? |
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