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En el recuerdo infantil de Martín Domingo está aquel estallido de las gradas la noche de octubre de 1983 en que el Granada eliminó al Sevilla de la Copa del Rey. Un partido intenso, al límite, con goles, espectáculos, polémica, un vaivén en el marcador, prórroga, penaltis... En el recuerdo de ese gran último espectáculo emerge con fuerza la figura de Kostic, un yugoslavo que sólo jugó en el Granada esa temporada 83-84, de zurda incomparable, fichado del Elche para el experimentado y veterano equipo con el que Candi quiso afrontar el reingreso en Segunda tras el ascenso del ejercicio anterior.
Martín Domingo, abogado, directivo, impulsor del libro Pidiendo la hora, con el que el Granada de los 75 años reivindica su sitio y su momento en el fútbol nacional, rinde homenaje de memoria a la zurda de aquel yugoslavo "que era un precursor de Laudrup". En efecto, moviéndose en la media punta, con vocación atacante más que para labores de contención, Kostic dejó huella de su fútbol durante aquella ilusionante primera vuelta del equipo que dirigía Mesones y al que el calendario todavía no le había pasado factura en el cuentakilómetros de sus botas. De Kostic evoca Domingo el gol de aquel partido con el Sevilla: "Engatilló con la izquierda y el balón dio la espalda de San José y se envenenó. Imposible para Buyo".
De ese equipo también evoca Domingo a Valdo, "un extremo de regate elegante, de ágil y larga zancada. Incorporado el verano anterior, de la mano de Ruiz Sosa, sus actuaciones de dos temporadas en el Granada lo catapultaron al Betis y también destacó en aquel gran Figueras que aspiró con reiteración al ascenso a Primera.
De la mano de la enorme técnica de Kostic y la velocidad de Valdo para desbordar las retaguardias rivales, por atrás Domingo monta un esquema en el que Izcoa garantiza la puerta. "Es el portero de mi infancia. Lo veía con su gorrilla y le tenía una gran admiración".
Y, por delante del portero, Benítez, el paraguayo, "que me encandiló con las virguerías que hacía con el balón, jugando en la playa de San Cristóbal, un partido con amigos, y recuerdo el tándem que formaba con Francis el año que estuvimos a punto de ascender".
Para el banquillo, Martín Domingo elige a un hombre de hoy: José Víctor, "porque lo vi trabajar y recuperar al equipo el año pasado, hasta alcanzar el ascenso".
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