| |

Mientras Fidel Castro saluda, Jose María Aznar le señala la entrada al Palacio de la Moncloa durante la visita que el mandatario cubano realizó a Madrid en octubre de 1998.

El Rey Don Juan Carlos conversa tranquilamente con Fidel Castro durante un receso en la VIII Cumbre Iberoamericana celebrada en Oporto en octubre de 1998.

El Príncipe Felipe de Borbón, el ex presidente del Gobierno, Felipe González, y Fidel Castro se saludan durante la ceremonia de investidura del presidente de México, Vicente Fox, que tuvo lugar a principios de diciembre del año 2000.
|
Fluido intercambio económico con un intermitente trato político
A pesar de que Cuba alcanzó la independencia de España en 1898, ambos países han continuado manteniendo un fuerte lazo económico, político y social. Aunque las cuestiones ideológicas hayan separado en más de una ocasión a La Habana y Madrid, el negocio económico ha vuelto a unir a dos naciones condenadas a entenderse.
Alberto Mendoza y Gonzaga Díaz del Río
Respeto mutuo. Las diferencias ideológicas entre los regímenes franquista y castrista fueron evidentes desde un principio. Sin embargo, a pesar de lo que cabría esperar, la relación entre Castro y Franco no fue mala. En un principio desde España se observaba con expectación el rumbo que habría de tomar el régimen cubano. A pesar de la orientación comunista del mismo, que con los años se iría acentuando, a Franco le interesaba mantener una buena relación con Cuba, especialmente por los intereses económicos que tantos españoles antaño emigrados tenían allí, así como por las exportaciones que nuestro país podía llevar a cabo a la isla. Por otra parte, la ascendencia española de Fidel, unida a su permanente defensa de la hispanidad, suponían un importante factor en común con la España de Franco. Así, pese a las expropiaciones sin indemnización que el régimen cubano hizo a muchos españoles y a algún que otro incidente diplomático con nuestro país (como el acontecido en 1960 con el embajador español Juan Pablo Lojendio, invitado a marcharse de la isla tras varias acusaciones a España de conspirar contra el régimen castrista), Cuba conservó durante la dictadura de Franco una aceptable relación con España. Todo ello sin que ambos dirigentes llegasen siquiera a encontrarse personalmente.
Acercamiento a la "Madre Patria". Las relaciones entre el ex-presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, y Fidel Castro, siempre fueron buenas, a pesar de lo distante de sus ideologías. Esto se debe, fundamentalmente, a que Castro es hijo de un inmigrante gallego y a que el propio padre de Fraga fue emigrante en Cuba, por lo que el vínculo entre ambos parece inevitable. En este sentido, además, Fraga confesó hace unos años “estar en deuda con Cuba”, ya que el capital conseguido por su padre en la isla le sirvió para cursar sus estudios universitarios. El ex-presidente gallego también ha manifestado en alguna ocasión que considera a Castro como “un símbolo de la hispanidad y de independencia”, prueba de las cordiales relaciones que guarda con el máximo dirigente cubano. A pesar de esto, Fraga no ha evitado proponer a Castro que lleve a cabo reformas que acerquen el régimen hacia el capitalismo, en aras de una mejora para el bienestar del pueblo cubano. Se da la circunstancia de que Raúl Castro, hermano de Fidel y actualmente máximo dirigente provisional de la república cubana, viajó hace algunos años a Galicia, donde estuvo acompañado por Manuel Fraga. Castro visitó allí el pueblo natal de su padre, una parroquia llamada San Pedro de Lancara y situada en la provincia de Lugo.
Dos gobiernos de izquierdas con grandes desencuentros. Paradojas de la historia, la ideología socialista de Felipe González no le supuso un ostensible acercamiento a Fidel Castro. Inesperadamente, durante el gobierno del PSOE tuvieron lugar algunos desencuentros político-diplomáticos entre Cuba y España. Por un lado, la empatía de Castro con los terroristas de ETA, algunos de los cuales han residido en la isla. Por otro, algunos episodios tensos como el provocado por algunos refugiados cubanos que buscaron cobijo en la embajada española en Cuba, en 1990. No obstante, otros acontecimientos como la liberación del preso político Eloy Gutiérrez Menoyo por parte del régimen castrista, así como el pacto de una indemnización por las expropiaciones cubanas a exiliados españoles durante el franquismo, contribuyeron a suavizar las relaciones entre ambos países. Durante el gobierno de González se produjo, además, la primera visita oficial de Fidel Castro a España, en la Cumbre Iberoamericana de julio de 1992 en Madrid.
Férrea postura de un "caballerito insolente" . El triunfo de Jose María Aznar en las elecciones generales de 1996 abriría un nuevo periodo en la política española tras 14 años de gobierno socialista. El Partido Popular, cuyo mandato se extendió dos legislaturas, desarrolló un modelo de administración diferente al de su antecesor y esto lógicamente afectó a temas como el que nos atañe. Aznar desde un principio anunció en las Naciones Unidas y en la IV Cumbre Iberoamericana de Chile que su gobierno endurecería su postura con respecto a Cuba a la vez que pedía un mayor compromiso de Castro hacia el respeto de los derechos civiles y las libertades. El encuentro del jefe del ejecutivo español con exiliados cubanos y el cardenal de La Habana, Jaime Ortega, hartaron a Fidel, que decidió retirar el plácet al embajador de España en la isla para luego llamar a Aznar “caballerito insolente”. Las relaciones políticas se tensaron y los partidos de la oposición, PSOE e IU, acusaron al presidente Aznar de poner en peligro el trato diplomático amén del económico. Aquí las grandes empresas apoyaron este toque de atención ya que los intereses monetarios en Cuba son importantes. El desencanto entre ambos continúa a finales de 1996 y España promueve en el seno de la UE una política de “Posición Común sobre Cuba” que se plasmaría en un acuerdo que recogería como objetivos primordiales la transición democrática del país caribeño y el respeto de los derechos humanos. Esta iniciativa no impidió sin embargo que Madrid enviara un nuevo embajador y continuara con sus programas de cooperación en diferentes materias como la tecnológica, científica o humanitaria. No hay que olvidar que las relaciones económicas son prioritarias para los intereses españoles ya que, por ejemplo, en esas fechas nuestro país copaba el 30% de las inversiones extranjeras. En 1998 Castro tenía previsto realizar una visita a Madrid y Aznar aprovechó la ocasión para mantener una reunión en la Moncloa y suavizar el distante trato. Hay que recordar que Fidel es un mandatario que no tiene problemas en alabar o criticar a la vez a una misma persona sin importarle el signo político. Ambos estadistas se citaron para la nueva cumbre iberoamericana que se celebraría en La Habana al año siguiente en 1999. Pero de nuevo las chispas saltaron ya que unas reuniones entre Aznar y miembros del la disidencia provocaron la ira del jefe cubano, que decidió cancelar una encuentro previsto entre ambos. De hecho, Castro recibió al presidente del PP y a los reyes con una fría acogida con las calles de La Habana vacías. Este gesto causó pesar en la delegación española y Aznar mantuvo la intención de que los monarcas españoles nunca visitaran oficialmente la isla. Si negativa resultó ser la cumbre en Cuba, peor fue la que se organizó al año siguiente en Panamá en el año 2000, donde Fidel se negó a condenar el terrorismo de ETA en un documento que sí firmaron todos los mandatarios participantes. Este incidente se sumó a otro que ocurrió poco después cuando el Rey Don Juan Carlos visitó el estado norteamericano de Florida, ya que allí, junto al entonces Ministro de Exteriores, Josep Piqué, charló con varios disidentes provocando el enfado de las autoridades cubanas. Un año antes de finalizar el mando de Aznar al frente del ejecutivo, en 2003, Madrid se hizo eco de las tres ejecuciones que se produjeron en la isla de tres ciudadanos por el robo de una embarcación. En la capital de España se celebraron varias manifestaciones para condenar el suceso y Bruselas decidió que la UE sancionarÍa a Cuba por este hecho. Fidel acusó una vez más a nuestro Gobierno de instigar los embargos.
Una apuesta por el diálogo. José Luís Rodríguez Zapatero se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales de 2004. El PSOE, con un carácter más progresista que su antecesor, parecía estar dispuesto a recuperar y cuidar las relaciones con Castro, más afín al ideario político que acababa de entrar en la Moncloa. Y así fue, ya que el propio Rodríguez Zapatero se encargó de anunciar que su intención era la de acercar posturas con el régimen castrista. La respuesta no tardó en llegar pues el canciller cubano Felipe Pérez Roque anunció al embajador español en la isla, Carlos Alonso Zaldívar, que la diplomacia entre ambos países quedaba reabierta. El entendimiento no hizo nada más que empezar y las relaciones se intensificaron notablemente, Zapatero reveló que desearía liderar un cambio sobre el posicionamiento que la Unión Europea mantenía con respecto a La Habana. Cabe recordar que el organismo europeo todavía mantenía las sanciones impuestas por las ejecuciones de 2003. Fidel Castro celebró el cambio político que la administración socialista había llevado a cabo en el aspecto de las relaciones internacionales y así lo corroboró desde Cuba cuando firmó un comunicado en el que alababa a su homólogo español por haber decidido retirar las tropas españolas del contencioso bélico que se desarrollaba en Iraq. El tiempo pasó pero las posturas no cambiaban como así se reflejó un año más tarde en la XV Cumbre Iberoamericana que se organizaría precisamente en nuestro país, en tierras castellano-leonesas. El encuentro, que tuvo lugar en Salamanca a finales de 2005, se caracterizó por la ausencia de Fidel pero también por la firma de una nota de condena sobre el bloque norteamericano hacía la isla. Este reconocimiento, que fue firmado por todos los estados presentes en la cita, contentó sobremanera a la delegación cubana. Los últimos acercamientos formales entre ambos países tienen, precisamente, como cuestión de fondo los achaques del jefe cubano ya que tanto el Gobierno como la casa real han mostrado su interés por el estado de salud. Recientemente, el Presidente del Gobierno de España, Rodríguez Zapatero, emitió un comunicado en el que esperaba una pronta recuperación de Castro mientras que, el Príncipe Felipe de Borbón, de viaje por varios países de Sudamérica, se interesó por la enfermedad de Fidel cuando se encontró a Carlos Lage, vicepresidente de Cuba, en el acto oficial de investidura de Álvaro Uribe a la presidencia de Colombia.
Dos grandes jefes de Estado con escaso trato . Tanto Juan Carlos I como Fidel Castro aparecieron en la escena política de sus respectivos estados hace muchos años y, salvando las distancias, ambos estaban predestinados a protagonizar una página importante de la historia de su país. A pesar de la estrecha relación que unía a España y Cuba desde siglos anteriores, la llegada de Castro al poder en 1959 y la permanencia del régimen franquista por esas fechas colaboraron a enfriar las relaciones entre La Habana y Madrid. Don Juan Carlos, que no fue proclamado Rey hasta noviembre de 1975, permaneció en un segundo plano ya que la jefatura de Estado la detentaba el general Franco. Éste, que ostentaba un régimen diametralmente opuesto al castrista, optó entonces por respetar al gobierno cubano sabedor de que, por esas fechas, España necesitaba alcanzar y mantener acuerdos comerciales. Esta actitud parece que fue la que después prevaleció entre las relaciones que como nuevo jefe de Estado tendría el rey con Castro. No obstante, el trato entre ambos gobernantes sufriría altibajos debido principalmente a la excéntrica personalidad de Castro. El dirigente cubano suele pasar del insulto al halago con suma facilidad y en esta ocasión no iba a ser una excepción. Fidel, en una ocasión, llegó a cuestionar la legitimidad de la corona española. El rey, desde una posición más comedida, ha dejado que sean los sucesivos gobiernos quienes lleven el peso de la diplomacia. Aunque no deja de ser sorprendente que Cuba sea el único país latinoamericano que no hayan visitado oficialmente los monarcas españoles. No obstante, las cumbres iberoamericanas siempre han sido espacios adecuados para el fortalecimiento o debilitamiento de las correspondencias entre los dos pueblos. En sendas ocasiones, el rey acudió a los encuentros de la comunidad hispanohablante y en uno de ellos, precisamente en Cuba, Su Majestad fue recibido con las calles de La Habana vacías y sin el calor del público, lo que suscitó la polémica entre la delegación que viajó desde Madrid. Así lo ordenó Castro como respuesta a las conversaciones que disidentes mantuvieron con la comitiva española. Por otra parte y ya recientemente, el año pasado la Zarzuela recibió la visita del ministro de exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, en la que se confirmaba la invitación que Castro había cursado a la Casa Real. |
|